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DIARIOS DE UN ECONOMISTA X. Recortes de legislatura. Operación Intransigencia
Publicado previamente en Heraldo de Aragón, en septiembre de 2002
Se dice que a los jóvenes no les interesa la política. Se dice también, con ánimo descalificatorio, que sólo les gusta El Gran Hermano, Operación Triunfo o (se dice) otras bazofias audiovisuales. Es posible, pero de ser así (que su atención se concentre en este género de fórmulas), no saben lo que se pierden.
Viene esto a cuento de mis preferencias en materia de televisión: las ruedas de prensa posteriores a los Consejos de Ministros de cada viernes. Son televisadas en directo por CNN Plus con el apoyo de una gramática elemental: cámara fija, preguntas de los periodistas destacados en La Moncloa/respuestas del portavoz y de los ministros de turno, y ausencia de espacios publicitarios. Como la audiencia del programa es muy reducida, los ministros se comportan como personas y los periodistas como periodistas. Mi referencia a los programas juveniles de éxito responde a que ambos géneros televisivos comparten una sintaxis similar y, sobre todo, retratan bien la sopa primigenia de instintos, vergüenzas y noblezas que configuran la naturaleza humana. Los jóvenes están en lo cierto: se aprende más del origen del hombre en El Gran Hermano que en Atapuerca. Añadiré, y demostraré, que se aprende más de política en las Ruedas de Prensa de los Consejos de Ministros que en la sesión de control al Gobierno por parte del Congreso de los Diputados de los miércoles.
En la última Rueda de Prensa, el recién llegado ministro Zaplana tuvo ocasión de presentar un plan de choque contra la violencia doméstica. Programación veraniega; episodio repetido: desde 1998, el Gobierno ha aprobado tres planes (de choque), con los resultados conocidos. El hecho de que dos días antes el grupo parlamentario popular hubiera rechazado una proposición apoyada por el resto de grupos parlamentarios y un abanico amplio de asociaciones sociales me indujo a pensar que el nuevo ministro haría uso de los habituales argumentos esgrimidos en nuestra joven democracia, que suelen adoptar la fórmula “ad hominem” de la descalificación personal. En términos que ni los adolescentes comprenderían: Chenoa y Manu Tenorio cantan mal porque la primera tiene un carácter difícil y el segundo adopta en los últimos tiempos aires vanidosos. Pero no: el ministro se deslizó por una pendiente nueva que merece esta crónica encendida. Señaló que la iniciativa del PSOE era inconveniente porque su aplicación daría lugar a un empeoramiento del problema de los malos tratos a las mujeres y/o que en todo caso sería inútil, es decir, ineficaz. Naturalmente, no argumentó sobre ninguna de las dos tesis.
Afortunadamente, Albert Hirshman nos previno en 1991 de las formas que suele adoptar la retórica social y política de la intransigencia, esto es de la democracia pobre: entre otras, la tesis de la perversidad y la tesis de la futilidad. El uso de la primera conduce a compartir el propósito perseguido por el adversario político y, al mismo tiempo, a anunciar que la acción propuesta sólo serviría para exacerbar la condición que se desea remediar. El de la segunda pretende sostener que la tentativa de transformación social tiene por único final la melancolía del empeño estéril. La primera tesis es abogada con frecuencia por los adversarios del Estado de Bienestar: propicia la pereza. La segunda suele encontrar acomodo entre los economistas: nada puede alterar el curso natural de las cosas. No es habitual el empleo simultáneo de las dos tesis, por contradictorio, pero eso es lo que tienen de emocionante las ponderadas Ruedas de Prensa.
No pretende Hirshman que cualquier acción política con voluntad transformadora sea conveniente y eficaz; simplemente, nos pone en guardia contra la retórica del pensamiento reaccionario y fija el listón de las buenas prácticas democráticas: la deliberación civil y evitar que el debate político sea poco más que la continuación de la guerra por otros medios. Pese a lo anterior, debo convenir que el ministro Zaplana demuestra una finura en el ejercicio de la intransigencia política nada habitual en los tiempos que corren, tan dados a propiciar el ajuste de cuentas sobre la condición humana del adversario.
Creo que lo anterior es argumento suficiente para que la Ruedas de Prensa posteriores a los Consejos de Ministros sucedan al éxito de Operación Triunfo. Pero, por si no fuera suficiente y en atención al presunto sesgo audiovisual del sistema sensorial de nuestro jóvenes, advertiré una regularidad empírica sobre la que no he encontrado apoyatura teórica apreciable entre los se ocupan de la gramática de los gestos: quienes hacen uso de la retórica de la intransigencia concluyen sus afirmaciones con la mirada fija aunque distraída, mientras desplazan la masa corporal a la comisura izquierda de la boca, que regurgita los últimos gramos de vergüenza hacia un gran agujero negro. La mano sirve para tapar la digestión o para acunar la hambrienta mejilla. Conviene prestar atención porque el gesto dura unos segundos.
Posted by Alberto Lafuente on at 10:55 PM in II.2 Recortes de legislatura | Enlace permanente
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