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ARAGÓN LIBERAL II. Pérdidas de Energía

Viviendo aquí, es inevitable escribir sobre el agua. A pesar de que para un economista es un asunto estadísticamente menor, a pesar de que diría que la política agraria de la Unión Europea es un disparate y que ha llegado la hora de permitir que los productos agrícolas de los países pobres abastezcan a los países ricos. Tenemos la fortuna de poder conservar nuestros ríos y nuestra montaña. Además, la cesta de la compra nos saldrá más barata. Alguien debería explicar la naturaleza del conflicto.

La simplicidad del lenguaje binario (si/no) conduce a obviar que existe una tercera situación, que es anterior a la decisión de hacer o no hacer, de optar por x o por y, o de hablar o callarnos definitivamente, y que nos sitúa en un lugar incierto entre el on y el off. Me refiero a esa instancia vital tan frecuente que es el stand-by, o la espera con opción a pronunciarnos. Cuanto más dramática es la decisión, más intensa es la tentación de refugiarnos en el privilegio de la duda. Sin embargo, conviene caer en la cuenta de que retrasar por mucho tiempo el ejercicio de la facultad de decidir tiene costes importantes y de que, en consecuencia, no cabe prolongar demasiado nuestra permanencia en el limbo. Pondré dos ejemplos.

El primero se refiere a una buena parte de nuestros electrodomésticos. Casi todos ellos (televisores, equipos de audio, microondas, o vídeos) pueden estar en tres regímenes distintos: funcionando, en stand-by, o apagados. En ocasiones, no siempre, el propio aparato nos advierte a través de una luz piloto de la segunda situación; ni una cosa, ni otra. En la práctica, salvo con ocasión de ausencias prolongadas del domicilio familiar, los aparatos están siempre en uno de los dos primeros regímenes. La razón es que suele ser bastante incómodo desenchufar el aparato. Pues bien, hoy sabemos que las pérdidas de electricidad asociadas al stand-by pueden encarecer el recibo de la luz de manera muy significativa: 13% en Australia, 14% en Japón y porcentajes similares en otras economías avanzadas. No hay estudios sobre España. En hogares muy equipados, el consumo inútil de energía puede llegar a alcanzar el 20% del consumo familiar de electricidad. Y es que un DVD o un receptor de televisión por satélite consumen casi lo mismo en stand-by y en funcionamiento pleno. No es extraño que la Agencia Internacional de la Energía y la propia Comisión de la Unión Europea empiecen a ocuparse de esta cuestión. Ahí es nada: reducir de un plumazo más del 10% del consumo de electricidad de los hogares. La vía más prometedora consiste en facilitar al usuario el apagado completo del aparato mediante una modificación del diseño técnico y en reducir la potencia del mismo en la situación de stand-by.

El primer ejemplo es simplemente una metáfora del segundo, que parece importarnos más a los aragoneses. No cabe duda de que existe una mayoría social muy amplia en contra del trasvase del Ebro, pero nos separa la opinión respecto de la regulación del agua y de los modos de abastecimiento para el riego en Aragón. Por decirlo de manera probablemente inexacta: los intereses del llano son contradictorios con los de la montaña. La raíz última de la confrontación tiene que ver con las afecciones sociales y medioambientales de los embalses, de un lado, y la necesidad de contar con una cierta garantía de suministro de agua, de otro. Las manifestaciones masivas contra el trasvase apenas pueden ocultar nuestro conflicto. Y lo cierto es que el piloto encendido del televisor mudo constituye una amenaza permanente para unos, una esperanza devaluada para otros y, en todo caso, consume la energía de ambos de manera inútil. En Aragón, el agua está en stand-by. Dejo al cuidado del lector asociar la lucecilla roja a lo que crea oportuno: el Pacto del Agua, el Plan Hidrológico Nacional o la suma de reivindicaciones históricas no satisfechas.

Por eso no estaría de más que, de una vez por todas, supiéramos qué hacer con el televisor: si considerarlo un mueble más, o si disfrutar por fin de las películas, aunque después comprobemos que son horrorosas, abandonando así el oprobio del stand-by. Se dirá que la mejor manera de dirimir estas cuestiones consiste en contar votos. No debe serlo porque disfrutamos de una democracia desde hace un cuarto de siglo y seguimos igual: perdiendo energía. Por lo tanto, sin perjuicio de que sigamos manifestándonos a favor de nuestros acuerdos, convendría que empezáramos a hablar de los desacuerdos. Esto es a qué hora ponemos el televisor y qué canales conectamos. Así sabremos, también, a qué horas debe estar apagado y no tendremos que esforzarnos en empeños absurdos.

El stand-by del agua en Aragón es algo más que una pérdida de energía: es la razón última de que las administraciones públicas no se ocupen debidamente de los territorios de Aragón; es la razón por la que no existe una política de desarrollo rural digna de tal nombre; es la razón de la ausencia de asistencia a las explotaciones agrícolas familiares; es también la razón por la que venimos asistiendo a una intensificación de la emigración hacia Zaragoza, esta vez más silenciosa que en épocas anteriores. Y que no me hablen de comarcalización, por favor. Es confundir el campo con los funcionarios.

Posted by Alberto Lafuente on at 12:30 PM in La temperatura de la cueva | Enlace permanente

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