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ARAGÓN LIBERAL I. Zaragoza se queda

El director de Heraldo de Aragón me propuso escribir una columna quincenal. La circulación del medio invitaba a tratar asuntos de la capital aragonesa. Disfruté. Aprendí, sin embargo, que es menos comprometido escribir sobre la guerra de Irak que sobre lo que acontece cerca. La proximidad genera densidad y dificulta la mirada. Por eso tengo muchas dudas acerca de las virtudes de nuestro Estado de las autonomías. Prefiero un Estado lejano a éste, metido en la comunidad de vecinos.

Por lo demás, Zaragoza constituye un buen ejemplo de ciudad sin rumbo. De las muchas que hay en España interior, es decir, sin tradición portuaria, es decir, sin la visita inesperado del extranjero, de lo extraño. Afortunadamente, las cosas pueden cambiar. Ha bastado con que gentes vivían accidentalmente en la ciudad hayan decidido que vale la pena censarse para vivirla. Por ahora son extranjeros de su ciudad.

Los artículos de la serie Aragón Liberal amanecieron en la prensa de algún día de los últimos cuatro años.

Hace algunos meses Pascual Maragall tuvo la idea feliz de iniciar un debate de alcance general mediante la publicación, en las páginas de EL PAIS, de un artículo titulado “Madrid se sale”. Después vinieron una conversación educada entre el promotor del debate y Ruiz Gallardón sobre el reparto territorial de la prosperidad en España, y una visita desafortunada del presidente del Gobierno a Cataluña. El último y más acabado episodio ha sido la publicación por parte del Círculo de Economía de Barcelona de un documento que pretende salir al paso de los desequilibrios territoriales que rigen la sociedad española. Los ecos principales del debate han enfrentado la prosperidad de Madrid con la pérdida de peso de Barcelona en los ambientes de la economía y la empresa. He tenido ocasión reciente de asistir a una presentación del informe referido. “Peor que vosotros”, dije cuando el presidente del Círculo pidió noticia de nuestra situación, aludiendo a mi condición de zaragozano.

Una de las principales preocupaciones catalanas tiene que ver con la pérdida de sedes principales de empresas; por ejemplo, con ocasión de los procesos de privatización.. Es sabido que un territorio prospera más fácilmente si cuenta con la sede principal (donde se adoptan las decisiones importantes) de empresas que desarrollan actividades en mercados amplios. Pues bien, sucede que la reconstitución de ENDESA ha desplazado a Madrid la sede operativa de antiguas empresas eléctricas públicas, como FECSA y ENHER. La queja me parece un poco exagerada; al fin y al cabo, el mismo proceso trasladó la sede de RETEVISIÓN a Barcelona; de la misma manera, la creación de GAS NATURAL SDG. benefició a la capital catalana. Con todo, la preocupación es oportuna. Sucede lo que ocurría con las antiguas bicicletas de piñón fijo: cuando se deja de pedalear, te caes.

Sin embargo, lo que me parece más llamativo es que Zaragoza ha perdido bastante más, sin que haya habido pronunciamiento al respecto en nuestra ciudad: Eléctricas Reunidas de Zaragoza (ERZ) era ayer una empresa; hoy es una marca comercial en proceso de desaparición; hasta 1996, Zaragoza era la cabecera de una dirección regional de Telefónica que dirigía las actividades de la empresa en el noreste de España y empleaba a más de 1100 personas; hoy, la dirección regional de Telefónica está en Bilbao, la ocupación de la empresa en la ciudad se ha reducido en aproximadamente mil empleos, y corren rumores de que los edificios de Vía Universitas y del centro nacional de formación de La Bombarda están en venta. Dentro de poco, Telefónica será en Zaragoza la suma del 1004, un puñado de subcontratas y una plantilla de menos de doscientos trabajadores.

Los empresarios de Barcelona también están preocupados por la distribución territorial del gasto nacional de investigación y desarrollo (I+D). La razón es que la proximidad física de la producción de conocimientos es síntoma y condición de bienestar. Pues bien, es fácil comprobar cómo las estadísticas aragonesas no levantan cabeza, mientras que las catalanas suponen ya el 27% del total de España, frente al 20% de 1994. Ello es consecuencia de la creación de nuevos centros de investigación y, sobre todo, de la ambición de aproximarse a cifras y esfuerzos europeos.

El debate presta atención también a otros indicadores tales como la cuota de mercado nacional de las instituciones feriales, las conexiones internacionales de los aeropuertos, el peso en la economía española de las empresas con sede social en Barcelona o Madrid, o la oferta de servicios a las empresas. No es preciso señalar que todas las evidencias apuntan a que, trasladado el diagnóstico catalán, la posición de Zaragoza no es precisamente ventajosa.

Pero quizá, lo más interesante del tiene que ver con la configuración del Estado español. Los empresarios catalanes proponen una aproximación al modelo alemán, que suma a la descentralización administrativa la deslocalización de una parte del Estado central. Así, algunas agencias reguladoras se asientan fuera de Berlín; en ocasiones, como la que se ocupa de la electricidad, en ciudades más pequeñas que Zaragoza. Creo que la consideración de este tipo de fórmulas habría desvinculado, para bien de casi todos, la configuración del Estado de los nacionalismos. El asunto no es menor: Barcelona aspira a albergar la sede de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria. No me consta que Zaragoza haya presentado nunca una candidatura en condiciones para cobijar una institución europea; por cierto, España acoge ya a dos, en Bilbao y Alicante.

Siempre me ha parecido admirable que la ambición ciudadana se exprese a través de informes de situación y estadísticas, aunque ello no convenga al poder político. No es extraño que el documento del Círculo haya recibido una acogida fría por parte de la Generalitat: pone en evidencia el alcance de sus logros. En Aragón, el eco principal del debate relatado ha sido el pronunciamiento repetido del presidente de la Comunidad sobre la necesidad de equilibrar el crecimiento de la España del interior con el de la periferia, sobre todo con ocasión de la deliberación del Plan Hidrológico Nacional. Aparte de constatar que no hay una sola mención a esta última cuestión en el documento del Círculo, vale la pena subrayar que la aportación al debate se ha expresado, hasta la fecha, en términos tan retóricos y con argumentos tan alejados de la política y economía de nuestros días que uno debe concluir que, efectivamente, Madrid se sale, Barcelona busca su futuro y Zaragoza se queda.

Posted by Alberto Lafuente on at 12:24 PM in La temperatura de la cueva | Enlace permanente

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