« DIARIOS DE UN ECONOMISTA XIV. Cuando la política acaba. La captura del ministro | Inicio | DIARIOS DE UN ECONOMISTA XVI. Cuando la política acaba. Teoría de la dimisión. »

DIARIOS DE UN ECONOMISTA XV. Cuando la política acaba. Otra teoría sobre la corrupción.

Sobre el tráfico de influencias

Publicado previamente en Expansión, el 7 de marzo de 2003.

Las teorías al uso sobre la corrupción pública en los asuntos económicos insisten en que su arraigo social se alimenta de dos condiciones fundamentales: las facultades discrecionales del Estado y la concentración del poder económico en unas pocas manos. Si no está al alcance de los administradores públicos beneficiar a unos pocos, porque no pueden beneficiar a nadie en particular o porque ese beneficio tendría una gran notoriedad social, y esos pocos nada pueden ofrecer a los administradores, el pacto es imposible y, por lo tanto, lo es la corrupción. Por eso se ha dicho que la competencia de los mercados constituye una barrera natural a la desviación del poder público. El buen capitalismo contribuiría así a la calidad de la democracia.
El origen de los fondos que financian las campañas de los candidatos en, por ejemplo, las elecciones presidenciales americanas es una buena ilustración de lo anterior.

Sin embargo, un pasaje de la historia del comunismo de Richard Pipes da cuenta, con mayor agudeza y precisión, de la naturaleza verdadera de la corrupción pública. La historia se desarrolla en Moscú, en los primeros años de la década de los setenta. Un ex -combatiente inválido del Ejército Rojo decide establecerse en un mercado popular de la capital. Vende nombramientos y rumores. Su servicio más apreciado es la admisión en las universidades rusas. Cobra por ello cuantías sustanciosas, que están en relación con el estado de atribulación de los padres. Si el joven no consigue el ingreso, el ex -militar devuelve el pago. Naturalmente, presume de sus buenas relaciones con la nomenklatura e, incluso, insinúa que la mayor parte del pago se destinará a “ablandar” las convicciones de los burócratas que tienen la última palabra. Al cabo de algún tiempo, le basta con mostrar a los clientes dudosos el altísimo porcentaje de estudiantes admitidos. Funciona el boca a boca. Como habrá adivinado el lector desconfiado, el excombatiente se limitaba a cobrar; no hacía nada más. Sucedía que los padres más interesados en el futuro de sus hijos, que eran los que estaban dispuestos a soportar el sacrificio económico, eran también los que antes habían vigilado más de cerca su educación y, en consecuencia, los estudiantes beneficiarios del tráfico de influencias eran, en cualquier caso, los más aptos para la educación universitaria.

Si el caso mencionado fuera generalizable, la corrupción pública, por ejemplo la aceptación de sobornos por parte de los servidores públicos, sería sobre todo una apariencia. El daño social resultante de la misma estaría más en relación con su impacto sobre los costes de transacción de las economías que con la adopción de decisiones perjudiciales para los ciudadanos. El origen de la corrupción sería, fundamentalmente, la ausencia de relación entre los administradores públicos y los ciudadanos: la patria de los intermediarios. Por eso quienes sitúan el fin de la corrupción en la separación de la política y de la economía deben a los ciudadanos el desarrollo de una fórmula que permita a estos tener una presencia mayor en los pasillos del Estado. No sé porqué pero me parece que la fórmula tendrá que ver con la explotación de las tecnologías de la comunicación en la nueva configuración de la e-democracia.

Posted by Alberto Lafuente on at 10:54 PM | Enlace permanente

TrackBack

URL del Trackback para esta entrada:
http://www.typepad.com/t/trackback/419966

Listados abajo están los enlaces de los weblogs que le referencian DIARIOS DE UN ECONOMISTA XV. Cuando la política acaba. Otra teoría sobre la corrupción.:

Comentarios

Publicar un comentario






 
Libertad y Organización Info

libertadyorganizacion.org v 4_3