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Emociones, fuera.

Conviene prestar atención a las actitudes y valores de los jóvenes. Por ejemplo, porque son consumidores importantes, inclinan el resultado de las convocatorias electorales de un lado u otro, o anuncian la evolución próxima de los signos de la convivencia. Para ello basta con echar un vistazo al Trend Observer (Ipsos Observer) sobre las tendencias emergentes de las juventudes de Estados Unidos, Reino Unido, Japón y Francia. Cabe esperar que, tarde o temprano, serán las de la nuestra y, en todo caso, iluminan el futuro económico y político. Pues bien, algo ha pasado en los últimos años. Me fijaré en lo importante, es decir, en las pautas que rigen su inconformismo.

Primero, no creen en los milagros, en las promesas extravagantes. Aspiran simplemente a que quienes pretenden quedarse con su bolsillo o su voto les expliquen qué van a hacer con uno u otro. Se acabaron las trampas y las emociones. Segundo, aman la incorrección política, especialmente cuando propone una mirada distinta sobre algo importante, ofrece una sintaxis nueva para su interpretación o desencadena la sátira. Diesel ha inaugurado el nuevo género, ofreciendo las imágenes de un mundo en el que África disfrutaría de la opulencia y los países occidentales se verían obligados a mendigar la ayuda humanitaria. Tercero, los gestos autoritarios tienen fecha de caducidad: no más lecciones de comportamiento, suspenso a la altivez, las marcas deben ser irreprochables. Sin más. Nike ha abandonado recientemente el “Just do It”.

Pero también me fijaré en la última paradoja. Esos jóvenes inconformistas parecen mostrar un conservadurismo extremo respecto de los valores. Primero, aman la pequeña felicidad procurada por lo cotidiano; hasta el metro es un buen lugar para tropezar con algunos átomos de satisfacción: siempre con los otros: ignoran la destreza del héroe. Segundo, son globalizadores: del medio ambiente, de la paz y de las oportunidades brindadas por el comercio, la transculturalidad o de las nuevas identidades colectivas. Tercero, según Ipsos Observer, son pocos los jóvenes que manifiestan un desacuerdo radical con los mimbres de la sociedad en la que viven, a pesar de la amenazas percibidas y de la incertidumbre. Son conservadores de la libertad y de la convivencia con el planeta.

Vuelven, pues, los tiempos de la modestia, de la contabilización minuciosa de los méritos y de la desconfianza respecto del poder, cualquiera que sea su signo y origen. En definitiva, debe concluirse que quienes creemos en la teoría histórica de las generaciones asistimos consolados a la muerte del modelo juvenil auspiciado por la efervescencia empresarial de los últimos años del milenio anterior: a la muerte del héroe. Y, también, asistimos esperanzados a que la nueva generación traiga un poco más de sosiego, razón e incorrección política. Les llaman “brights”. Que así sea.

Publicado previamente en el diario Expansión


Posted by Alberto Lafuente on at 12:04 PM in Artículos recientes | Enlace permanente

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