« DIARIOS DE UN ECONOMISTA LXI. ¿Qué necesitamos para ser ricos? La Angustia de los Mayores | Inicio | DIARIOS DE UN ECONOMISTA LXIII. La empresa de mañana. »
DIARIOS DE UN ECONOMISTA LXII. ¿Qué necesitamos para ser ricos? La Corona de Aragón.
Pascual Maragall propone la creación de una euro –región que abarcaría la comunidades del noreste y levante español junto a algunas regiones meridionales francesas. Gran revuelo. Porque el PP quiere hacer de la unidad de España eje de su campaña para las próximas generales. Maragall, en vano, se ha esforzado en explicar que existen varias regiones transfronterizas en Europa. Una, por cierto, comprende Galicia y el norte de Portugal. Nacionalismo castellano.
Y, sin embargo, la economía dice que la integración europea exige este tipo de realizaciones. Es la superación del efecto frontera, que podría potenciar la competencia en el mercado único europeo.
Publicado previamente en Expansión, el 25 de julio de 2003.
Sólo cuatro de los diez países más ricos del mundo, en renta per capita, tienen más de un millón de habitantes. Sólo dos, Estados Unidos y Noruega, tienen más de seis, un tamaño que no alcanzan el 50% de los más de 190 países del mundo. Sólo uno de los cinco países más grandes, Estados Unidos, es un país rico. Singapur, con apenas tres millones de habitantes, es el segundo país del mundo en crecimiento económico desde 1960.
Los economistas suelen tomar como dato las fronteras nacionales. El asunto parece haber quedado reservado a los historiadores y politólogos. Sin embargo, recientemente, Alesina, Spolaore y Wacziarg se han tomado la molestia de examinar las relaciones entre crecimiento económico y tamaño de los países. ¿Qué propondría un economista: países grandes o pequeños?. Aparentemente, la apertura de los mercados nacionales a la competencia exterior, es decir el comercio, es un buen sustituto del tamaño: permite obtener todas sus ventajas (amplitud de mercado y economías de escala en la producción de determinados bienes públicos entre otras) y evita algunos de sus inconvenientes (los costes de administración de la heterogeneidad social y económica). Quizá el hecho que el número de países se haya multiplicado casi por tres desde 1947 tenga que ver con que las ventajas del tamaño han disminuido en razón de la globalización de la economía mundial y de la constitución de áreas económicas amplias. Si éstas avanzan, veremos la proliferación de pequeños países prósperos. Añado una condición: que los conflictos entre naciones estén sujetos a la intervención de las instituciones internacionales. En bastantes ocasiones, los Estados han buscado la ampliación de las fronteras con el único fin de ser militarmente poderosos.
Así pues, están en lo cierto quienes proponen a la vez la profundización del mercado único europeo, la potenciación política de regiones y ciudades y el reforzamiento de las instituciones internacionales: los tres argumentos conducen a la prosperidad económica. También lo está quien defiende la creación de regiones trasfronterizas en Europa, si eso sirve para pasar por encima de las fronteras nacionales, que todavía fragmentan los mercados europeos en perjuicio de la competencia y de la amplitud de los mercados. Naturalmente, si hay que asociarse que sea con alguien que sea más rico que nosotros: podemos aspirar a capturar los beneficios redistributivos de la unión.
Sospecho que Alesina y sus colegas aplaudirían la propuesta de Pascual Maragall de creación de una región trasfronteriza y considerarían irrelevante su denominación. Eso sí, advertirían que ello debería servir para integrar en mayor medida la nueva economía regional en los mercados internacionales. Pero, en ocasiones, la opinión de los economistas cuenta poco.
La lógica anterior tenía un bache. No hay ninguna razón económica inmediata para que los países adopten su tamaño óptimo, es decir, el que hace máxima la renta per capita de sus ciudadanos. No dije que un mecanismo que produciría tal efecto sería la libre adscripción de las personas a los países, con independencia de sus lugares de residencia. Los países más prometedores serían más grandes. Sería, probablemente, más eficiente que la ciudadanía universal. Los países competirían por los ciudadanos como las empresas por los clientes. De paso, no seríamos españoles por obligación. Esta semana, me gustaría ser francés.
Posted by Alberto Lafuente on at 09:29 AM in IV.4 ¿Qué necesitamos para ser ricos? | Enlace permanente
TrackBack
URL del Trackback para esta entrada:
http://www.typepad.com/t/trackback/457612
Listados abajo están los enlaces de los weblogs que le referencian DIARIOS DE UN ECONOMISTA LXII. ¿Qué necesitamos para ser ricos? La Corona de Aragón.: