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DIARIOS DE UN ECONOMISTA LXIII. Elogio de la queja.
El Diario ha prestado una atención especial a los episodios de enriquecimiento de los directivos de las empresas, españolas y extranjeras. También, a la crisis de la cultura empresarial que servía de excusa a lo anterior: todo para el accionista pero sin el accionista. Ahora sabemos cómo ha terminado. Lamentablemente, el enriquecimiento de los directivos no ha tenido la dignidad revolucionaria del fenómeno descrito hace más de medio siglo por James Burnham, en relación a las grandes empresas americanas. Ha sido mucho más pedestre. No ha habido afán de liderazgo social; simplemente, saqueo del bolsillo de los accionistas.
La publicación de alguno de los artículos siguientes tuvo algún eco en la red. Un internauta me llamó sesentayochista resabiado. Acepto lo segundo, pero de ninguna manera lo primero. Quizá, empleado de un banco de negocios, hoy probablemente estará en el paro.
Posted by Alberto Lafuente on at 07:37 AM in V.1 Elogio de la queja | Enlace permanente
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