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DIARIOS DE UN ECONOMISTA LXIX. Elogio de la queja. El Precio de la Autoestima.
El amigo de pupitre fue defenestrado por el otro amigo en campaña electoral. Todo cabe, menos perder unas elecciones.
Publicado previamente en El País, en 2000.
Poco a poco vamos sabiendo: la remuneración de los directivos de algunas grandes empresas españolas se ha situado en niveles más propios de la prensa deportiva que de las páginas salmón. Me refiero, claro está, a las empresas privatizadas en los últimos años. Se ha querido justificar esta evidencia sobre la base de argumentos dispares; elegiré aquellos que presentan una mayor solvencia técnica.
La tesis de la fidelización se escribe en los términos siguientes: habida cuenta de que la posición competitiva de las empresas y, en definitiva, el interés de los accionistas dependen de que la empresa cuente con directivos más cualificados que la competencia, conviene retenerlos mediante formulas “ad hoc”, por ejemplo, las “stock options”. Confieso que la tesis tiene buen aspecto, pero la simple observación de lo que pasa en España reduce bastante su alcance. Tomemos el caso de TELEFONICA; una buena parte de los directivos incorporados en los últimos años procede de ámbitos ajenos al negocio de las telecomunicaciones. Que el valor de mercado de la empresa haya crecido por encima del IBEX demuestra que para dirigir, en España, una empresa de telecomunicaciones como ésta no se requieren grandes conocimientos del sector y/o en todo caso se adquieren rápidamente. Como las poblaciones de amigos, financieros, analistas y comisarios son bastante amplias, la sustitución de un directivo infiel parece bastante sencilla: no hay que hacer grandes esfuerzos para retenerle. De aquí se deduce, igualmente, que la competencia tampoco va a sacar gran provecho de su contratación.
La tesis de la alineación subraya la importancia de que los directivos se ocupen de los intereses de los accionistas. Si la propiedad del capital está muy repartida, los mecanismos de control societario funcionan mal y, en consecuencia, la manera de prevenir que los directivos adopten decisiones, por ejemplo salariales, en provecho propio consiste en convertirlos en ganadores o perdedores de los buenos o malos resultados empresariales. Lo malo del argumento es que, volviendo de nuevo a la realidad española de nuestros días, esos mismos directivos han hecho todo lo posible para, precisamente, reducir a cenizas los mecanismos de control societario: limitaciones de los derechos políticos de los accionistas, consejeros independientes de éstos, blindajes anti-OPA, limitaciones de acceso a la Junta General, y , por no seguir, todas las prácticas que el Informe Olivencia pretende desterrar. Se aplica por tanto la máxima que dice: si está en tus manos crear un problema y puedes ser beneficiario de la solución, que sea lo más grande posible. Es evidente que las remuneraciones de los directivos serían hoy menores, si los accionistas hubieran tenido la oportunidad de oponerse a la limitación de sus derechos políticos, propiciada por los mismos que ofrecen como solución fórmulas de incentivos generosas.
La tesis de la escasez abunda en el símil futbolístico. La intensidad de la competencia (liga) española en los sectores de servicios básicos obliga a las empresas a realizar esfuerzos económicos para llevar a sus filas a talentos directivos, por definición, escasos. Es la ley de la oferta y la demanda. Sin embargo, en la mayor parte de estos sectores, la competencia es bastante limitada y, desde luego, muy poco abierta al exterior: más parece una liga regional amañada que otra europea. Tampoco se advierten grandes cambios en los equipos directivos, salvo los que se derivan de avatares políticos, probablemente porque la alternativa al puesto de trabajo ocupado, bien remunerado, es la prejubilación. En definitiva, nada que ver con el mercado americano de directivos. Como, por otra parte, la oferta de los talentos requeridos es bastante amplia y, desde luego, elástica respecto de la remuneración, no es fácil aplicar a nuestro caso la tesis en cuestión.
Sigue en pie la pregunta: ¿por qué en los últimos años/meses se aprecia un incremento notable de las remuneraciones de los altos directivos, especialmente en empresas privatizadas en procesos de liberalización?. La respuesta está en un clásico de las ciencias sociales de setenta años de antigüedad. Me refiero, claro está, al ensayo de Berle y Means sobre las grandes corporaciones en la economía de mercado. Las fijan ellos para ellos. Los defensores del capitalismo tenemos que predicar la moderación de la autoestima.
Posted by Alberto Lafuente on at 05:03 PM in V.1 Elogio de la queja | Enlace permanente
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