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DIARIOS DE UN ECONOMISTA LXXXI. Falta energía. La Próxima Fusión Eléctrica.
Algo que se ocultó celosamente: un porcentaje considerable de fusiones empresariales perjudican a los accionistas.
La OCDE acaba de publicar (en 2000) un estudio de lectura obligada, Regulatory Reform in Spain, sobre los procesos de liberalización de la economía española. El documento presta una atención singular al sector eléctrico. A juicio de la OCDE, la concentración empresarial dificulta considerablemente la existencia de competencia efectiva. Es más, la posición dominante de ENDESA e IBERDROLA faculta a estas empresas a ejercer su poder de mercado, de suerte que los precios del mercado de generación se situarían hoy por encima de los precios que resultarían de un mercado competitivo en una cuantía aproximada al 39%. La OCDE recomienda que el Gobierno español adopte las medidas oportunas para que las dos empresas mencionadas enajenen activos de generación en favor de empresas hoy no presentes en el sector eléctrico español.
Publicado previamente en El País, en 2000.
Naturalmente, el análisis de la OCDE es anterior al anuncio de concentración de las dos empresas españolas y también a las medidas adoptadas en el Decreto-Ley 6/2000 de 23 de junio. Desgraciadamente, la voluntad del Gobierno de someter a moratoria el crecimiento de las dos compañías en España no va a surtir ningún efecto; simplemente, porque la moratoria no afecta a las centrales autorizadas, cuya potencia cubre con mucho el déficit de capacidad de los próximos años. En definitiva, la fusión de ENDESA e IBERDROLA nos situaría en un escenario peor que el que ha dado lugar a las recomendaciones de la OCDE. Por lo que parece, las dos empresas están dispuestas a proceder a enajenaciones importantes de activos, con el fin de no perjudicar la competencia efectiva. No seré yo quien dude de la posibilidad de transformar agua en vino. En todo caso, conviene recordar que la moratoria vigente sobre el crecimiento afecta a las empresas que disfrutan hoy de una cuota de mercado superior al 20%. Hay que suponer que la cifra no fue establecida de manera arbitraria por el Gobierno; la única interpretación posible es que el Gobierno entiende que si una empresa disfruta de una cuota superior, entonces está en disposición de ejercer poder de mercado. Por tanto, el volumen de enajenaciones debería estar en consonancia, por simple coherencia con la doctrina del Gobierno en materia de concentraciones, con esa cota.
Se dirá, con razón, que el sector eléctrico mundial comienza a observar las pautas de concentración empresarial observadas por otros sectores. De hecho, el valor de las fusiones y adquisiciones transfronterizas, entre empresas de países diferentes, registradas en 1999 duplicó el nivel observado en 1996. Un estudio reciente de PricewaterhouseCoopers establece el ranking de las fusiones eléctricas más importantes de los últimos tres años. Si centramos la atención en Europa, las concentraciones empresariales han sido trasatlánticas e intraeuropeas, ambas internacionales, con la única excepción de relieve de lo acaecido en Alemania. En este país, al igual que en otros sectores, se ha querido neutralizar los efectos en territorio alemán de la apertura del sector eléctrico a la competencia dictada en 1996 mediante un proceso de concentración de las empresas alemanas. Con todo, el nivel de concentración resultante es inferior al que hoy tenemos en España, antes de la fusión, siendo bastante superior la competencia potencial. El único precedente comparable de la operación planteada que cabe encontrar en Europa se refiere a Holanda. A mediados de la década anterior, el ministro responsable de energía quiso auspiciar la fusión de las cuatro empresas generadoras con el argumento de que ello daría lugar a un campeón victorioso en el futuro mercado interior de la electricidad. La autoridad de competencia se opuso, y con ella el propio Gobierno holandés. La operación no se realizó. Por lo demás, las dos empresas españolas ocupan lugares de privilegio en el ranking mundial de empresas eléctricas privadas. Que algunos monopolios públicos hagan de las suyas en el mercado único europeo solamente puede tener una consecuencia: que la Comisión de la Unión Europea obligue de una vez por todas a algunos países refractarios a la apertura de sus mercados a garantizar el derecho de establecimiento.
Los analistas nos dirán que la fusión ENDESA-IBERDROLA es muy beneficiosa para los accionistas. No hay que hacerles mucho caso: se lo dicen a todas. Sin embargo, un estudio reciente de KPMG muestra que la mitad de las fusiones y adquisiciones perjudican a los accionistas, especialmente de la empresa adquirente. The Economist nos ha regalado este último verano algunas crónicas de fusiones fallidas y/o perjudiciales para los accionistas. La conclusión editorial es que cuando las empresas se fusionan con el propósito primordial de hacer frente a alguna amenaza externa, suelen trasladar sus problemas al matrimonio, que es contemplado como un remedio milagroso. Después, las expectativas no se confirman. Una condición adicional para el éxito es que las empresas sepan responder de manera convincente una pregunta elemental: ¿para qué?. Normalmente, la respuesta suele ser “para reducir costes”. Sin embargo, no es demasiado creíble si antes no han acreditado esa capacidad. Se dirá que las empresas saben lo que hacen; es posible. Lo que es seguro, sin embargo, es que en estas materias sus directivos se equivocan la mitad de las veces.
Posted by Alberto Lafuente on at 07:15 PM in VI. Falta energía | Enlace permanente
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