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DIARIOS DE UN ECONOMISTA XXXVII. Nuestro Capitalismo. Vecindades

La publicación del artículo me llevó a una correspondencia electrónica intensa con un lector. “Al magrebí, ni agua”, venía a decir, de manera por cierto educada. Seguro que alguna inmigrante cuida a algunos de sus mayores. Los economistas deberían escribir más sobre el asunto en los medios de comunicación. Tienen mucho que decir.

Publicado previamente en Heraldo de Aragón, en marzo de 2003.

Son conocidas las enormes diferencias de renta y riqueza entre los habitantes de este planeta; por ejemplo, el PIB per capita del país más rico del mundo, Luxemburgo, multiplica por 417 el del país más pobre, Etiopía. Es menos conocida, sin embargo, la evidencia de que tales diferencias son mucho menores si ponemos en relación la renta per capita de los países vecinos. Un estudio reciente de Íñigo Moré ha querido cuantificar la cuantía del efecto escalón en las principales fronteras del mundo. Pues bien, el cociente medio de los PIB per capita de los países limítrofes es de 3,5, poca cosa si comparamos ese escalón con las diferencias de renta entre países no limítrofes. Es más, apenas 55 fronteras de la tierra superan el cociente mencionado; la mayor parte, en torno al 71%, separan las renta per capita en un grado menor. El examen detallado de lo que acaece en las primeras revela la existencia de conflictos, que son la consecuencia aunque también la causa de las diferencias de riqueza. Los pobres parecen tolerar la riqueza lejana, pero no soportan la próxima. Los ricos se defienden de la pobreza próxima, y se permiten ser ignorantes respecto de la lejana. La riqueza y la pobreza se aglomeran en lugares distantes.

Si observamos ahora las fronteras de los países más ricos del mundo, constataremos que España tiene el dudoso privilegio de contar con la frontera de mayor efecto escalón: la que nos separa de Marruecos. Que el PIB per capita de los españoles multiplique por 13 el de los ciudadanos marroquíes asemeja la frontera económica del sur a la que separa a Israel y Palestina, Sudáfrica y Mozambique, Arabia y Yemen, o Israel y Egipto. Nada que ver con la frontera entre Estados Unidos y Méjico, o Alemania y Polonia en las que el efecto escalón es considerablemente menor: 7, en el primer caso; 5, en el segundo. Y decreciendo de manera significativa estos últimos años. Lo contrario de lo que sucede con nuestra frontera con Marruecos; en 1970, el PIB per capital español apenas multiplicaba por 4 el marroquí.

Traduzcamos estas cifras al lenguaje de lo cotidiano. Más de un 50% de las familias españolas tienen unos ingresos mensuales inferiores a 1700 euros. Supongamos que de un día para otro perciben salarios marroquíes y disfrutan, también, de un coste de la cesta de la compra equivalente al de nuestro país vecino. Pues bien, sus ingresos pasarían a ser 300 euros mensuales en capacidad de compra a precios españoles: la mitad de la sociedad española aspiraría a invadir su país perdido, después de tan cruel sueño. La economía de los vecinos pobres no es muy grande; de hecho, la marroquí es apenas 1,5 veces la de Aragón. Pero, su población es numerosa. Así, en la actualidad hay cerca de dos millones de parados; se estima que en los próximos diez años se incorporarán al mercado de trabajo más de tres millones de personas. Como la economía crece a tasas menores que la población activa, varios millones de ciudadanos de ese país son candidatos naturales a la emigración hacia su norte. Diré, de paso, que el 52% de la población marroquí de más de 15 años es analfabeta.

El vecino rico se equivoca cuando protege su ventaja blindando el efecto escalón. Es imposible o, cuando menos oneroso, como demostró la crisis de los balseros cubanos o la de la emigración de los albaneses a Italia. Convendría, por el contrario, tener en cuenta el Tratado NAFTA o la ampliación de la Unión Europea al Este. O, lo que es lo mismo, propiciar la apertura de los mercados agrícolas europeos a los productos de Marruecos, recuperar el marco de cooperación con el Mediterráneo iniciado con la Conferencia de Barcelona de 1995 y arrumbado posteriormente, no enredar con crisis diplomáticas absurdas como la última y, sobre todo, entender que nuestro sur está en el sur más próximo y que sus problemas de desarrollo serán el problema más serio de la sociedad española en los próximos 25 años, si todo va bien. Como es la hora de pedir y predicar, no estaría de más que la mayor parte de entidades financieras española no aplicara, como es el caso, comisiones usureras a las remesas de las emigrantes a sus familias.

La alternativa a lo anterior tiene que ver con una tesis que circula por ahí. La tesis dice que la proximidad extrema del Gobierno español a las posiciones de la actual administración americana en la crisis de Iraq podría estar relacionada con la búsqueda de protección de lo que he querido denominar efecto escalón y sus consecuencias. Lo cierto es que la tesis tiene alguna verosimilitud a juzgar por la miopía con la que miramos este asunto en España. A juzgar por nuestro desprecio a la geografía.

Posted by Alberto Lafuente on at 07:29 PM in IV.1 Nuestro capitalismo | Enlace permanente

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