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DIARIOS DE UN ECONOMISTA LXXXIII. Falta energía. Ibergas.

El informe (denegatorio) de la Comisión Nacional de la Energía causó conmoción, aunque Gas Natural lo veía venir. La mejor interpretación de esa decisión la formuló de manera inmediata Xavier Vidal Folch: No se (el Gobierno) podía tolerar que una empresa tan importante tuviera raices catalanas. Queda por saber porque Gas Natural formuló la OPA, cuando sabía que el Gobierno era hostil. La Comisión Nacional de la Energía amortizó su prestigio en unas horas, aunque su presidente no perdió un solo minuto de puente.

Cada cierto tiempo el sector energético español regala un anuncio de reordenación del mapa empresarial a los analistas. De hecho, uno de los pasatiempos preferidos de estos es la cartografía; no hay analista que se precie que no haya intentado levantar un nuevo mapa. En general, el empeño es inútil; simplemente porque no hay manera de atender de manera simultánea todos los intereses en juego, tanto los privados como los públicos.

Publicado previamente en Expansion, el 12 de marzo de 2003.

Desde una perspectiva estrictamente empresarial, la integración de Iberdrola y Gas Natural parece disfrutar de las ventajas de la complementariedad de los recursos y mercados de ambas empresas. Por decirlo de manera sucinta, cabe decir que en este caso sí se cumple la regla del 1+1=3, a diferencia de la aritmética de la fallida fusión entre Endesa e Iberdrola, que parecía responder al 1+1=1. Esa misma complementariedad permitiría vaticinar una fusión más sencilla de los equipos directivos y de los correspondientes intereses profesionales, lo que en España es determinante. Por eso sorprende que lo que pudo ser un acuerdo amistoso se convierta en una OPA hostil. La única explicación que se me alcanza es que, a diferencia de la citada fusión fallida, esta operación disfruta de entrada de la enemistad de otras empresas del sector energético : accionistas y competidores. Y ya se sabe que la competencia es una planta que no arraiga en el macetero energético español. Lo anterior me lleva a no augurar un final feliz de esta historia para la empresa que ha tomado la iniciativa.

El análisis de la operación desde la perspectiva del interés público es algo más intrincado. Y, sin embargo, es el fundamental. Si, hoy, los sectores eléctrico y gasista se rigieran realmente por las reglas de la competencia, no cabría oponer razones de interés público a la fusión. Gas Natural e Iberdrola tienen una presencia menor en los mercados eléctrico y gasista, respectivamente, por lo que la operación no incrementa el poder de mercado de la empresa fusionada con respecto a la situación anterior. Lo malo es, sin embargo, que las cuotas de mercado de las empresas en sus mercados principales son incompatibles con la existencia de competencia y, en consecuencia, que las empresas atraviesen las fronteras de su subsector constituye una de las escasas vías para acomodar las estructuras de mercado a las exigencias de la competencia. A lo anterior hay que añadir, además, que Gas Natural e Iberdrola se sitúan en fases adyacentes del proceso vertical de generación de electricidad, y ya se sabe que la integración vertical puede ser nociva para la competencia cuando los niveles de concentración horizontal de los respectivos mercados son elevados y hay activos esenciales. Si elegimos en este punto la senda del posibilismo, la fusión sería la ocasión para modificar, en el sentido aludido anteriormente, las estructuras de mercado de los dos sectores con el fin último de mejorar las condiciones para una competencia efectiva. En principio, el conflicto entre intereses privados y públicos sería menos acentuado que el que acompañaba a la fusión entre Endesa e Iberdrola y, en consecuencia, habría más margen para sacar partido de este viaje.

Pero, quizá, el punto de vista más determinante sea el político. Aquí la única apoyatura posible es la intuición. Creo que los tiempos actuales no son idóneos para la cartografía, especialmente cuando el lápiz debe ser empuñado por quienes tienen la cabeza en otra cosa y no quieren ruidos o distracciones. La operación podría, pues, ser conveniente para casi todos, pero es extemporánea. La funesta manía de la interpretación me lleva a concluir que sus proponentes no avizoran tiempos inmediatos más propicios, lo que constituye una lección sobre lo que nos espera en lo que queda de esta legislatura.

Posted by Alberto Lafuente on at 04:33 PM in VI. Falta energía | Enlace permanente

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