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DIARIOS DE UN ECONOMISTA LXXXV. Falta energía. ¿Cómo se lo digo a Aznar?
Dicen que dijo el Ministro de Economía, cuando el Secretario de Estado de Economía, de Energía y de la PYME le trasladó las conclusiones de un interesante estudio que Red Eléctrica de España ha elaborado, con fecha 2 de enero de 2002, sobre la garantía de suministro de energía eléctrica en España. Claro que, poco antes, el mismo Secretario de Estado había hecho la misma reflexión en voz alta: ¿cómo se lo digo a Rato?. La novedad principal aportada por el estudio es que, junto a las deficiencias últimas de la distribución de electricidad, en España existe un déficit de capacidad de generación, de difícil remedio en los próximos meses. La consecuencia, en los dos casos, son los apagones. Y es que, a veces, los jefes sólo están para escuchar buenas noticias; o malas, si vienen acompañadas de la atribución de responsabilidades ajenas.
Publicado previamente en Expansión, el 22 de enero de 2002.
El Informe en cuestión, titulado “Previsión de Cobertura de la Demanda del Sistema Eléctrico en Enero y Febrero de 2002”, pone de relieve que a lo largo de los últimos dos meses de 2001 se produjeron problemas severos de cobertura de la demanda de electricidad, que obligaron a tomar medidas de emergencia para impedir el colapso. Así, durante los días laborables del 17 al 23 de diciembre fue necesario ordenar interrupciones a los clientes industriales aplicados a este tipo de tarifa, llegándose incluso al deslastre ordenado de cargas en las zonas Centro y Levante con la intención de evitar apagones generalizados. Hasta aquí, nada que no hayan sufrido y sepan madrileños, catalanes y valencianos.
Lo peor es que, dice el Informe, el nivel de los embalses y la meteorología pueden conducir a situaciones similares a lo largo de los meses de enero y febrero de 2002. Bajo hipótesis plausibles sobre demanda y disponibilidad del parque eléctrico, se comprueba que “la situación por la que atraviesa el sistema eléctrico es grave, siendo alta la probabilidad de falta de suministro y por tanto muy alto el riesgo que de ello se deriva”. Digo plausibles porque el pesimismo respecto del frío o las lluvias, inspirado por la debida aplicación de la Ley de Murphy a este género de circunstancias, está acompañado de un optimismo extremo respecto de la disponibilidad de las centrales que operan en condiciones extremas. Y, si no, que se lo digan al nuevo consejero delegado de IBERDROLA, que busca responsables de la política de mantenimiento de su centrales: no tiene que mirar muy lejos. Por lo demás, señala el citado Informe que en la hipótesis de mayor fallo térmico, esto es la vigencia en España de la Ley de Murphy, el sistema es incapaz de hacer frente a las demandas de punta, incluso con la interrupción de los abonados industriales. El problema, añado yo, renacerá con los calores de julio. No en vano, la extensión del aire acondicionado genera demandas punta similares a las del invierno.
Es cierto que el Informe está acompañado de un borrador de orden ministerial que, entre otros extremos, faculta a Red Eléctrica a adoptar las decisiones más oportunas bajo su mejor criterio, debiendo acreditar después su oportunidad a los agentes afectados y a la Comisión Nacional de la Energía. Hace bien Red Eléctrica en proponer que el Ministerio se parapete tras la Comisión. De todas maneras, llama la atención que una empresa privada esté llamada a asumir esta clase de responsabilidades. Sobre todo, cuando predica, allí donde se le escucha, que su objetivo fundamental es la creación de valor para el accionista, es decir, las compañías eléctricas.
En fin, no quiero hacer de esta columna de opinión noticia. Supongo que el Informe perderá en breve su condición secreta. Si quiero, sin embargo, subrayar que vivimos la peor de las amenazas de desabastecimiento eléctrico de los últimos cuarenta años. Hasta la fecha, la decisión principal del Gobierno ha consistido en promover la constitución de una Subcomisión en el seno de la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados; la Subcomisión deberá proceder a la planificación energética. En definitiva, el Parlamento gobierna y el Gobierno controla. Como la gravedad de la situación me lleva a renunciar a la ironía, obviaré cualquier comentario sobre la similitud de la fórmula con las empleadas con este fin en la extinta Unión Soviética. La Subcomisión, en fin, convocará a los máximos responsables de las compañías eléctricas, y dentro de algunos meses determinará lo que sabemos hoy: que hay amenazas y realidades de desabastecimiento de energía eléctrica. Lo peor es que se habrán perdido unos meses preciosos y el problema se habrá agravado.
Subrayo las fechas, esto es que hoy, 17 de enero, el Gobierno no ha tomado decisiones serias atinentes al caso, porque constituyen ejemplo de la urgencia con la que se tratan los problemas de todos en la España de hoy. Las tomará dos meses después de los primeros apagones, pese a que se viene hablando del asunto desde hace más de un año. Es posible, y deseable, que las hipótesis de Red Eléctrica no se verifiquen. Conviene esperar que la suerte, la destreza de los técnicos de Red Eléctrica y la paciencia de los consumidores nos saquen del lío. En todo caso, no estaría de más que los jefes, a veces, estuvieran para resolver problemas. Sobre todo, porque no tienen que explicarlos a nadie.
Posted by Alberto Lafuente on at 09:01 AM in VI. Falta energía | Enlace permanente
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