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DIARIOS DE UN ECONOMISTA LXXXIX. La nueva economía parece vieja
Diversas circunstancias que no vienen al caso me llevaron a comienzos de los ochenta a investigar acerca de las actividades de I+D (investigación y desarrollo) en la economía española. Fue una tarea complicada porque en la época por no haber no había estadísticas. Hubo que construirlas a martillazos. No había estadísticas simplemente porque no había nada que medir. Luego cambiaron algo las cosas. Después, volvieron a cambiar. Esta vez a muy mal, porque los tiempos son cada vez más exigentes. A pesar de la cicatería de Estado y empresas, el Gobierno ha seguido predicando, hasta la extenuación de los investigadores, lo mucho que importan. Una mentira más. Por eso renuncio a escribir más artículos sobre la conveniencia de que la economía española invierta más en I+D. Parece más sensato reflexionar sobre las razones que conducen a que no convenga destinar mayores recursos a la investigación.
Vino también la eclosión bursátil de la economía de internet. Hoy, las empresas creadas a su rebufo han desaparecido y con ellas el instinto de muchos jóvenes españoles que quisieron socializar sus sueños a través de la institución empresarial. Aprendí bastante del nuevo mundo dedicando una parte de mis ahorros a la capitalización de uno de los proyectos. Sobre todo para entender lo que había tras la nueva frontera. Había mucho, pero no enriquecimiento. El valor económico de una innovación tiene poco que ver con su alcance social. La lavadora automática y los anticonceptivos han liberado a la mujer, pero no por ello su fabricación constituye el nuevo El Dorado.
Además, el episodio de los concursos/subastas de las licencias UMTS fue uno de los más chuscos de nuestra historia empresarial y política. Los accionistas de Telefónica pagaron al contribuyente alemán una cuantía equivalente al cheque anual que el ciudadano español recibe de los fondos de la Unión Europea a cambio de explotar comercialmente una tecnología que ni entonces ni ahora están disponibles (en agosto de 2003).
Naturalmente, los responsables del desaguisado siguen en sus puestos, o se han beneficiado de sabrosas indemnizaciones salariales.
Posted by Alberto Lafuente on at 05:55 PM in VII. La nueva economía parece vieja | Enlace permanente
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