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DIARIOS DE UN ECONOMISTA XXVIII. La Guerra. La Inutilidad de la Guerra.

Los líderes de la coalición internacional que ha querido iniciar la guerra de Irak suelen aducir dos tipos de motivaciones: las primeras, de carácter ético, insisten en la conveniencia de terminar de una vez con el tirano; la situación actual sería moralmente intolerable. Las segundas están relacionadas con el concepto de guerra preventiva y apuestan por una violencia que permita evitar que el futuro depare violencias mayores. Es cierto que cabe hacer lecturas éticas de esta última suerte de motivaciones, pero también cabe preguntarse acerca de la eficacia de la guerra, lo que es una cuestión eminentemente técnica.

Publicado previamente en Expansión, en marzo de 2003.

Distingue Umberto Eco entre dos tipos de guerra, la tradicional o paleoguerra y las nuevas guerras, género inaugurado con la guerra del Golfo. El propósito de las paleoguerras era la destrucción del adversario, con el fin último de alcanzar un beneficio. Su eficacia estaba condicionada al cumplimiento de tres requisitos: la ocultación al adversario de la fuerza y las intenciones; la sorpresa era una gran aliado; la cohesión en el frente interno; y, finalmente, la disposición de todos los medios para derrotar al enemigo. Ello conducía al silenciamiento de la voz procedente del frente enemigo y a la exaltación pública de su exterminio. El objetivo de las neoguerras, o mejor la manera de conducirlas, es sustancialmente distinto: no se busca la destrucción total del enemigo porque su conocimiento público podría conducir a la reprobación de los medios de comunicación. De hecho, pierde la guerra el bando que, de cara a la opinión pública, haya matado demasiado. En las neoguerras muere gente, pero no se gana. De aquí que las partes en conflicto tengan que moverse en un terreno incierto, limitado, de un lado, por el victimismo y, de otro, por la manifestación explícita del resultado de su capacidad destructiva. Lo malo es que ambos extremos pueden conducir a la derrota social y a la deslegitimación de la guerra.

Naturalmente, las características de las neoguerras determinan las estrategias de las partes. Y es aquí donde cabe registrar todo tipo de vacilaciones en las conductas de quienes están más sujetos al escrutinio de su opinión pública. Es más, es posible que un mismo conflicto sea para una de las partes una neoguerra y, para la otra, una guerra tradicional. Evidentemente, la segunda disfruta de una ventaja inicial: su cohesión interna se acrecienta con la información sobre la destrucción del rival y, al mismo tiempo, debilita a la otra parte exponiendo a la luz sus víctimas.

¿Quién es capaz de ganar una guerra así?. Probablemente, nadie. Y menos los generales educados en la técnica de la paleoguerra: las neoguerras son mucho más complejas. La importancia y tecnología de los recursos bélicos sólo determina el alcance de los daños materiales y humanos de la guerra, pero no es la antesala de la victoria. La guerra es inútil: no evita que el futuro depare violencias mayores: no destruye al enemigo.

Posted by Alberto Lafuente on at 10:00 PM in III.3 La Guerra | Enlace permanente

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