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DIARIOS DE UN ECONOMISTA XXIX. La Guerra. La Responsabilidad de la Guerra

Uno de los efectos principales de las crisis sociales y políticas, por ejemplo la que estamos viviendo en España a raíz de la invasión militar de Irak, es que propician la emergencia de debates fundamentales sobre los principios morales, las normas de convivencia social o las relaciones entre Estado y sociedad. Pasada la crisis, el resultado del debate sedimenta y cimenta las nuevas instituciones, para bien o para mal.

Viene esto a cuento de un lema de éxito en una buena parte de la movilizaciones de quienes están en contra de esta guerra: “no en mi nombre”. El alcance del lema remite a la noción de responsabilidad colectiva, tal y como la plantea Leszek Kolakowski. Los individuos podrían ser responsables de los males perpetrados por la sociedad o grupos sociales a los que pertenecen, con independencia de su implicación en la decisión originaria del mal causado. La suma de renuncias individuales a la responsabilidad, esto es el “no en mi nombre”, conduciría a la ausencia de responsabilidad colectiva o, en todo caso, a su depósito en quienes apoyaron la invasión militar. La Iglesia Católica, por no hablar de algunos países e incluso empresas, ilustra el ejercicio de la responsabilidad colectiva cuando solicita el perdón público por desmanes cometidos en su nombre en el pasado histórico, aunque quienes piden hoy el perdón poco tengan que ver con quienes perjudicaron gravemente a la sociedad: en tales circunstancias, la Iglesia no dice: “no fuimos nosotros, fueron otros”. La renuncia a la asunción personal de la responsabilidad colectiva exige, en definitiva y por razones de congruencia, la autoexclusión del grupo social de pertenencia, llámese nación, confesión religiosa u organización política. Por eso no debe extrañar que las últimas manifestaciones contrarias a la guerra por parte de determinados militantes del PP haya venido acompañada del abandono de militancia.

Publicado previamente en Expansión, el 8 de abril de 2003.

Más difícil es dejar de ser español: no se puede votar con los pies; sólo cabe levantar la voz. En este sentido, el lema citado carece de racionalidad. Curiosamente, los hechos mencionados coinciden con la manifestación por parte de Mayor Oreja de su preocupación sobre el futuro de la unidad de España, si el PSOE ganara las próximas elecciones generales. La hipotética reforma constitucional podría permitir que algunos españoles dejaran de serlo. Naturalmente, tal expresión se acompaña de la apelación a la responsabilidad (colectiva) de los votantes. No resulta fácil desanudar esta madeja, pero sí cabe conjeturar que la solución del puzzle sólo puede venir de la asunción de responsabilidades personales por parte de quienes han trasladado a la sociedad española la responsabilidad colectiva de los males de esta guerra. Naturalmente, la atribución de responsabilidades políticas debe referirse al presidente del Gobierno, quien ha cometido errores de cálculo y ha querido jugar a la ruleta con la vida de la población civil de Irak: pase lo que pase, y porque así lo siente la mayor parte de la sociedad española, la cual, a pesar del lema “no en mi nombre”, desea probablemente seguir formando parte de la misma. La foto de las Azores no admite disculpa. Por eso, la única manera de poner a (casi) cero el contador de la responsabilidad colectiva es la dimisión del presidente del Gobierno, que es la única exigencia social posible. También cabe que se presente a las próximas elecciones generales. Que elija él.

Posted by Alberto Lafuente on at 09:50 PM in III.3 La Guerra | Enlace permanente

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