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DIARIOS DE UN ECONOMISTA XXXI. La Guerra. Erizos y Zorras
Espero que la próxima generación de líderes políticos mundiales sea venusiana
Publicado previamente en Expansión, el 16 de mayo de 2003.
De vez en cuando, la escritura tropieza con una antinomia que permite dar cuenta de la suerte de los hombres. La última ha sido recreada por Robert Kagan, quien ha querido caracterizar las posiciones adoptadas por Estados Unidos y Europa en relación al nuevo orden político internacional como procedentes de Marte y de Venus, respectivamente. Serían marcianas la coerción, la eficacia y la estrategia del palo; serían venusianas la persuasión, la sutileza y la estrategia de la zanahoria. Concluye Kagan que las dos culturas son contradictorias; naturalmente, el poder de la primera garantiza su vigencia.
La antinomia en cuestión es un reflejo pobre de la recordada hace ya algunos años por Isaiah Berlin, cuando rememorando uno de los fragmentos conservados del poeta Arquíloco (“Muchas cosas sabe la zorra, pero el erizo sabe una sola y grande”), proponía la distancia que separa a quienes razonan en torno a un único principio universal, ensamblador de sucesos minúsculos y ordenador de todos los acontecimientos de quienes entienden que el todo es tumultuoso, inaprensible y que sólo cabe comprender lo particular. Ciertamente, las dos posturas son alérgicas entre sí. Como señaló Vargas Llosa en la presentación de la edición en castellano de la obra de Berlin mencionada aquí, los erizos han aportado a la historia de la humanidad grandes hazañas, aunque también el totalitarismo de las ideas; las zorras, por el contrario trajeron la tolerancia, el azar y el respeto de los hombres, aunque también el escepticismo. Naturalmente, las zorras envidian a los erizos; sobre todo, porque es más fácil sufrir cuando se es titular de una verdad universal; sin embargo, es igualmente cierto que en ocasiones la sombra social es un refugio anhelado por el héroe cansado.
La política es terreno propicio para los erizos. Señala Vargas Llosa que las explicaciones totalizadoras, claras y coherentes de los problemas sociales son siempre más populares y, aparentemente, más eficaces a la hora de gobernar. Por eso, los héroes políticos, como Winston Churchill o Franklin D. Roosevelt, son capaces de orientar la historia, inculcando grandes dosis de voluntad en los ciudadanos en torno a sus designios. Sin embargo, cuando los erizos políticos se alejan de la legalidad, ciegan las vías de la crítica social y son intolerantes con la disidencia se convierten en monstruos. En ese momento, muchos preferimos el éxito mediocre a la gran solución única, inequívocamente fatal. Es precisamente tal desconfianza, notablemente alimentada por las formas de proceder de la actual administración americana, lo que ha ensanchado el océano Atlántico, y no el recelo europeo ante la nueva ecuación del poder internacional, como propone Kagan. De aquí la importancia para el mundo de las próximas elecciones presidenciales americanas, que deberían traernos un liderazgo que haga bueno lo que Isaiah Berlin destacaba en su ensayo, citando a Tolstoi: “Es la opinión la que pierde las batallas, y es la opinión la que las gana”.
Posted by Alberto Lafuente on at 09:50 PM in III.3 La Guerra | Enlace permanente
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