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DIARIOS DE UN ECONOMISTA XCVI. Los misterios de la productividad. Otras Empresas.
Hace casi veinte años dos profesores del MIT, Michael Piore y Charles Sabel, alumbraron en The Second Industrial Divide la evolución futura del modelo de empresa nacido en la primera revolución industrial, es decir, la empresa integrada verticalmente y orientada a la explotación de los beneficios de la especialización del trabajo. A su juicio, las nuevas formas empresariales atenderían a un patrón nuevo, la especialización flexible. En lugar de equipamientos de propósito único empleados por trabajadores especializados en tareas elementales y sujetos a jerarquías estrictas, el futuro reservaba en 1984 una pequeña broma: el regreso a formas organizativas más cercanas a la artesanía que a la manufactura, esto es, equipos de individuos cualificados capaces de recombinar sus destrezas en el desempeño de tareas no repetidas. He querido traer a colación la contribución de Piore y Sabel porque, en líneas generales, acertaron; en efecto, desde entonces muchas empresas han evolucionado hacia formas organizativas mejor adaptadas a la ambigüedad ambiental.
Publicado previamente en Expansión, el 13 de junio de 2003.
Recientemente, la Fundación BBVA ha publicado un ensayo de Emilio Huerta y otros profesores de la Universidad Pública de Navarra sobre la innovación organizativa y tecnológica en la empresa industrial española (Los Desafíos de la Competitividad). El estudio permite valorar la situación de la empresa española respecto de los procesos de cambio previstos por Piore y Sabel, pues se refiere a tres de sus dimensiones principales: la organización del trabajo, la política de recursos humanos y la tecnología. De paso, ofrece evidencias de gran interés acerca de la realidad de la innovación en la empresa española que va más allá del reduccionismo habitual en torno a procesos o productos. La productividad de los recursos y la buena atención a los clientes parecen estar reservada a las empresas españolas que estimulan el aprendizaje de los trabajadores, el trabajo en equipo y la participación, que mantienen relaciones de cooperación con clientes y proveedores, que subordinan la autoridad a la capacidad, y que incorporan tecnologías nuevas de fabricación y comunicación interna. La buena noticia es que tales empresas, y en general las que adoptan sistemas avanzados de gestión , parecen disfrutar de mejores resultados que las que siguen adheridas a los viejos patrones de la primera revolución industrial.
Junto a esta buena noticia cabe reseñar otra no tan buena. El modelo de especialización flexible asocia en España a empresas de un cierto tamaño, en bastantes ocasiones filiales de multinacionales. Las otras, las pequeñas de capital nacional, siguen ancladas en los viejos principios. Como se trata de empresas industriales cabe pensar que ambas desarrollan actividades en entornos abiertos a la competencia. Tal constatación conduce de manera inmediata a una pregunta: ¿Qué tendrá que suceder para que nuestras empresas abracen el mundo de la innovación?. De igual manera, esa misma constatación invita a concluir si no habrá llegado la hora de examinar las eficacia de los apoyos públicos a las pequeñas y medianas empresas españolas en este tipo de materias. De entrada cabe conjeturar que es dudosa.
Posted by Alberto Lafuente on at 09:03 AM in VII.1 Los misterios de la productividad | Enlace permanente
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