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DIARIOS DE UN ECONOMISTA XCIX. La Reforma de la Universidad. Pizarra y Espíritu Empresarial.
La reforma próxima de la universidad española, que vendrá de la mano de la aplicación de la Ley de Ordenación Universitaria y de la adopción de los principios establecidos por la universidades europeas en la Declaración de Bolonia, invita a indagar en qué podría quedar la educación de nuestros jóvenes en las actitudes y habilidades que, finalmente y en su caso, les convierten en promotores de nuevas iniciativas empresariales. Quiero subrayar que tal perspectiva ha permanecido ausente del debate sobre el sentido y oportunidad de la reforma, por más que, paradójicamente, no hay estudio sobre los factores de crecimiento de países o regiones que no insista en la importancia del entrepreneurship. En España, el punto de partida no es bueno; especialmente en los estudios de licenciatura de administración y dirección de empresas: hay muy pocas vocaciones empresariales, menos que en los estudios técnicos superiores e incluso de formación profesional.
Publicado previamente en Expansion, el 27 de noviembre de 2002.
Algunos estudios de Shapero y Sokol demuestran que la intención de crear una empresa por parte de un joven responde sobre todo a la valoración personal sobre el oficio de empresario y, también, a la factibilidad atribuida a la puesta en marcha de una aventura empresarial. Los individuos se convierten en empresarios si entienden que es deseable y posible. Pues bien, un trabajo reciente de Audet demuestra que tales percepciones tienen mucho que ver con el tipo de formación impartida en la universidad. A tal efecto, se realizó un experimento consistente en ofrecer a una muestra de estudiantes de último año la posibilidad de cubrir un determinado número de créditos mediante la elaboración de un plan de negocio de una empresa imaginaria o, alternativamente, un estudio en profundidad de una determinada aventura empresarial, a través de la colaboración de empresarios colaboradores. Pues bien, el experimento concluyó en que los estudiantes que eligieron la segunda opción mejoraban significativamente su valoración personal de la condición de empresario; curiosamente, los estudiantes de la primera opción revisaron a la baja su valoración después de la elaboración del plan de negocio: demasiado aburrido. Es cierto que estos últimos estudiantes ofrecían mejores valoraciones acerca de la factibilidad de la aventura empresarial; habían adquirido los conocimientos formales para su puesta en marcha. Sin embargo, las diferencias registradas en este ámbito con respecto a los otros estudiantes fueron bastante modestas.
Lo anterior parece demostrar las limitaciones de la pizarra, o cualesquiera otros medios de simulación de la realidad, como medios de transmisión de los instintos empresariales. Debería, pues, formar parte de la reforma de la enseñanza superior universitaria el diseño de los lugares de encuentro de nuestros jóvenes, y no sólo de los que cursan administración de empresas o economía, con los empresarios. Quizá, estos sepan seducir a los primeros en el interés y conveniencia personal y social de su condición. Por ahora, nuestros estudiantes sólo ven funcionarios de la docencia.
Posted by Alberto Lafuente on at 05:59 PM in VII.2 La reforma de la universidad | Enlace permanente
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