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Buscando a Nemo

Disney ha sido siempre una compañía especial. "Trabajamos mientras otros se divierten", es uno de sus eslóganes. En uno de los programas de formación para altos directivos se pide a éstos que recorran durante unas horas los parques de la compañía, disfrazados de alguno de los famosos personajes Disney. A muchos, al parecer, les gusta. Los nuevos empleados de la compañía son también adoctrinados durante una temporada en la Universidad Disney. Allí se les enseña que el mantenimiento de la magia Disney requiere reglas estrictas; nada de bigote ni de pelo largo, los actores que recorren los parques de atracciones disfrazados de personajes de dibujos animados no deben nunca hablar ni quitarse el disfraz en público. Tienen además que aprender a hablar el lenguaje Disney. Por supuesto, nada de piercings en el ombligo.

La compañía, fundada a comienzos de la década de los veinte del pasado siglo por Walt y Roy Disney ha sido un éxito empresarial indiscutible, aunque también ha pasado por dificultades; la muerte de Walt Disney en 1966 inició una larga decadencia. Incluso estuvo en cuestión la propia supervivencia de la compañía. La travesía en el desierto terminó con la incorporación a Disney, en 1984, de su actual presidente ejecutivo, Michael Eisner; desde su llegada, y hasta 1998, logró multiplicar por seis los beneficios de la compañía. El valor de mercado de las acciones se multiplicó por treinta; la cifra de negocio, por quince. Un éxito sin precedentes que llevó a Michael Eisner a convertirse en uno de los ejecutivos mejor pagados de la historia; sólo en el año 1997 se embolsó quinientos setenta millones de dólares. The Economist valoraba recientemente en unos mil millones de dólares los ingresos de Michael Eisner desde su llegada a la compañía. Trabajando por cuenta ajena. Para que luego digan que nadie se hace rico trabajando.

Pero nada es eterno; a partir de mediados de los noventa comenzó a cometer errores; la compra de la cadena de televisión ABC, transformada en una máquina de triturar billetes, las alocadas adquisiciones durante la euforia .com, la pérdida del liderazgo en dibujos animados, y la continua desbandada de ejecutivos, hartos de las maneras imperiales del presidente, contribuyeron a chamuscar la imagen de Eisner. Y a dañar las cuentas de la compañía; desde 1998, los beneficios cayeron en picado. Así, en los últimos tiempos, los problemas de Disney son legión; hace tan sólo unos días, Pixar, la productora de "Toy Story" o "Buscando a Nemo", anunciaba su decisión de no renovar el contrato de distribución con Disney. De acuerdo a The Wall Street Journal, este contrato es responsable de más de la mitad de los beneficios de Disney desde 1999. Un desastre. Al parecer, Pixar ha acabado cansándose de la personalidad del presidente de Disney, Eisner. Además, son legión los detractores del estilo de gestión del actual equipo directivo liderado por Michael Eisner. Entre ellos, Roy Disney, el sobrino del fundador. Éste presentó su dimisión alegando que el actual presidente ha contribuido a construir una compañía rapaz, antipática; más preocupada por el dinero fácil que por sus clientes. También algunos inversores institucionales tienen reservas; parecen insatisfechos con las prácticas de gobierno corporativo de Disney en la era Eisner. No es de extrañar, un reciente estudio sobre una muestra de 1800 empresas cotizadas estadounidenses, sitúa a Disney entre las diez empresas peor gobernadas de Estados Unidos. Al parecer, Eisner gusta de consejos de administración amables, que no le tosan; de ahí la tendencia a nombrar como consejeros sólo a amigos y simpatizantes. Disney no es una compañía, es una dinastía, dicen los críticos.

Por si fuera poco, Disney se ha visto también sometida a una investigación por el regulador de los mercados estadounidenses, la Securities and Exchange Commission (SEC); al parecer, la SEC está prestando especial atención a la decisión de Disney de contratar a tres de los hijos de los consejeros; y a la mujer de uno de ellos. La feliz esposa goza de un salario de, todo incluido, un millón de dólares. Quién pudiera.

Además, estos días se dilucida la oferta de adquisición lanzada por Comcast sobre Disney; según The Wall Street Journal, Comcast pretende comprar Disney por sesenta mil millones de dólares. La oferta tiene un añadido novelesco: Stephen Burke el actual presidente de Comcast abandonó Disney en 1998, por discrepancias con Eisner. Se la tienen guardada. Como es sabido, la existencia de un mercado de compraventa de empresas contribuye a mantener alerta a los directivos. Si no lo hacen bien, alguien podría entender que comprando la empresa, y cambiando a los directivos, podría obtener unos resultados mejores. La oferta de Comcast es, por lo tanto, una mala noticia para los actuales ejecutivos de Disney, especialmente para Michael Eisner; así, no es de extrañar su rotundo rechazo a ser comprados. Nunca dirían que temen perder el empleo, claro.

Publicado previamente por Ramón Pueyo en Heraldo de Aragón, el 22 de febrero de 2004.

Addendum

El pasado 29 de abril Comcast decidía retirar la OPA hostil Sobre Disney. "Está claro que no hay interés por parte de la dirección de Disney y su Consejo de unir Comcast y Disney", explicaba el CEO de Comcast, Brian Roberts. Roberts dejó en su día Disney por desavenencias con Michael Eisner. Se ha quedado sin venganza.

Posted by Alberto Lafuente on at 07:20 PM | Enlace permanente

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