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Las dos culturas de Google

Finalmente, parece que va a suceder: la próxima salida a bolsa de Google constituirá el acontecimiento empresarial del año. El negocio del siglo, si hacemos caso a The Wall Street Journal. Fundada en 1998 por dos estudiantes de la Universidad de Stanford, Google es parada obligatoria para cualquier internauta. De hecho, a muchos nos resulta inconcebible Internet sin Google. Ya saben, Google es un buscador; permite al usuario encontrar lo que busca, de forma relativamente rápida, entre miles de millones de sitios de Internet. La historia de Google es interesante: mientras cursaban el doctorado, Larry Page y Sergey Brin, conscientes de que la tecnología de búsquedas en Internet era mejorable, presentaron un trabajo académico en el que describían un sistema que mejoraba sustancialmente lo que existía hasta la fecha; garantizaba al usuario que los resultados de la búsqueda eran los más relevantes. Poco después fundaban Google. Utilizando una tecnología superior, en poco tiempo se convirtió en el buscador favorito de los internautas.

Mientras otros llenaban sus páginas de información y prestaban poca atención a las búsquedas, Google tenía claro su modelo de negocio. Búsquedas; rápidas, útiles y relevantes. Y acertaron. Las empresas puntocom, en plena burbuja, se obsesionaban con las recompensas de salir a bolsa. Mientras, los promotores de Google mantenían una visión no instrumental de la empresa: ofreciendo un servicio útil a sus clientes, el dinero llegaría solo. Acertaron; hoy su buscador registra doscientos millones de búsquedas diarias. Tres de cada cuatro personas que buscan algo en Internet utilizan Google. Barrieron a la competencia; hasta su mayor competidor, Yahoo, decidió en su día utilizar su tecnología. Google es una de las marcas más valiosas del mundo.

Google hizo de la austeridad el sello de la casa; el núcleo de su negocio era el facilitar la búsqueda de información en la red. Nada de publicidad en la página de inicio: solamente el título y el formulario donde introducir los términos a buscar. La revista Barron estimaba recientemente los ingresos de Google entre setecientos y mil millones de dólares; los beneficios anuales, provenientes de la publicidad y las licencias de su tecnología de búsqueda, en varios cientos de millones; crecimiento anual cercano al cincuenta por ciento. Es difícil de saber, la compañía es celosa de su información. Ventajas de no salir a bolsa. (Poco después de escribir estas líneas, a finales de abril, la compañía hacía públicos sus números)
Los fundadores poseen, según The Wall Street Journal, el treinta por ciento de las acciones de la compañía. El resto queda dividido entre empleados de la compañía, algunos pequeños accionistas, competidores como Yahoo, y dos compañías de capital riesgo que en 1999 apostaron por la compañía. Estas últimas, Kleiner Perkins y Sequoia Capital, pagaron veinticinco millones de dólares por el veinticinco por ciento de las acciones de Google. Las previsiones de The New York Times otorgan a Google, tras la salida a bolsa, un valor de mercado de veinticinco mil millones de dólares; tal resultado convertiría la apuesta de las dos compañías de capital riesgo en una de las inversiones más rentables de la historia. El valor de mercado de Google superaría el de Nike, el fabricante de prendas deportivas. O el de Lockheed Martin, el fabricante de los cazas de combate norteamericanos.

Contrariamente a lo que dictaba la burbuja, los fundadores de Google nunca tuvieron prisa por salir a bolsa y hacer caja. Siempre les interesó más la posibilidad de construir naves espaciales o estudiar alguna fórmula para que la gente pudiera recibir información mientras piensa; implantando chips en el cerebro, por ejemplo (The New York Times dixit). De acuerdo a las crónicas, el desinterés por los réditos de la salida a bolsa, que catapultaría a los dos fundadores a los listados de personas más ricas del mundo, generó cierta tensión con el resto de accionistas; éstos, después de las montañas de dinero invertidas en proyectos puntocom fallidos, ven a Google como una oportunidad de desquite. Los fundadores, por su parte, disfrutan de la libertad que les otorga el no estar sujetos al estrecho marcaje de los reguladores y los mercados estadounidenses: pensar en viajes espaciales sin que a los accionistas se les pongan los pelos de punta.

Por otro lado, la prisa del resto de accionistas parece razonable; algunos analistas opinan que Google ha alcanzado su techo. Según Financial Times, el éxito de Google fue debido a la miopía de los gigantes de Internet: creyeron que en materia de buscadores todo estaba inventado. Ya no; Yahoo y Microsoft han preparado el contraataque. La primera anunció recientemente que no renovaría la licencia con Google; está desarrollando su propia tecnología. La segunda ha comunicado que, en 2006, su tecnología de búsqueda quedará incorporada al paquete de software de Windows; esta estrategia ya fue utilizada por Microsoft en el caso de los navegadores y sirvió para barrer al, por aquel entonces, líder, Netscape. Otro problema al que podría enfrentarse Google es precisamente su especialización en búsquedas; no cuenta con contenidos únicos y por tanto no mantiene relaciones a largo plazo con sus clientes. Éstos no se lo pensarán dos veces a la hora de cambiar de buscador. Por ejemplo, Amazon, la librería de Internet, lanzaba recientemente un servicio que permite al cliente, a la vez que ofrece resultados de búsqueda, leer extractos de libros en los que se mencionan los términos de búsqueda. También Yahoo, por ejemplo, hace algo parecido con respecto a las compras online. A ello se añade la aparición de competidores en el mercado de búsquedas, como Teoma, que se apoya en la clasificación de expertos independientes; o Mooter, que utiliza el historial de búsquedas del usuario para ofrecer resultados más personalizados.

El entorno parece dar la razón a quienes tienen prisa por ver a Google cotizando; además, la teoría de la selección adversa nos dice que deberíamos desconfiar cuando las compañías salen a bolsa. Al fin y al cabo, si la compañía tiene un futuro tan brillante, ¿porqué querría nadie compartir los beneficios? Como en el timo de la estampita. En cualquier caso parece que, en el caso de Google, la racionalidad del resto de inversores ha podido con el idealismo de los fundadores. Uno de éstos, al ser preguntado hace algún tiempo por una posible salida a bolsa respondía: “eso es mucho trabajo, y yo soy muy vago”.

Publicado previamente, por Ramón Pueyo, en Heraldo de Aragón, el 16 de mayo de 2004.

Posted by Alberto Lafuente on at 06:51 PM | Enlace permanente

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Comentarios

Gran artículo. Un apunte: Google pretender ofrecer correo electrónico (Gmail.com), y así conseguir mantener la relación con los usuarios durante un tiempo largo.
Por otro lado, la incorporación por parte de Microsoft en Longhorn de búsqueda avanzada tendrá respuesta de Google (está en desarrollo), pero puede ser un fracaso, como en el caso de Netscape, por no venir integrado en el sistema operativo.

Publicado por: Roberto A. | mayo 19, 2004 09:27 PM

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