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Sexo, estafa y gobierno corporativo
No sorprenderá a nadie, pero lo contamos. El verano pasado, investigadores de la Universidad de Estocolmo publicaban en la revista Nature los resultados de un curioso estudio; pretendían conocer las pautas de comportamiento sexual de cerca de tres mil suecos, de entre dieciocho y setenta y cuatro años de edad. A bote pronto, la intuición nos llevaría a dividir el número de contactos sexuales entre los participantes en el estudio. Entenderíamos que el resultado, la media, vendría a ser un dato representativo de los contactos sexuales de un individuo cualquiera. Pues no.
Sexo
Al parecer, la distribución de los contactos sexuales de la muestra analizada sigue una distribución no normal; un pequeño número de individuos disfruta de un número muy alto de parejas, mientras que la mayoría ha tenido que conformarse con pocos contactos sexuales. No sorprenderá a nadie, pero lo contamos. La constatación que las relaciones sexuales siguen este tipo de distribución tiene varias implicaciones de salud pública; se aplica, a lo que la bragueta se refiere, la famosa ley de los seis grados de separación de Milgram. Ésta constituye quizá la interpretación más popular acerca de la teoría de redes para la comprensión de los fenómenos sociales; viene a postular que la distancia entre cualesquiera dos individuos no es muy amplía; esto es, la cadena de relaciones que permitiría a un español trasladar un mensaje al presidente de Estados Unidos podría ser sorprendentemente corta. La teoría fue puesta a prueba por Stanley Milgram, catedrático en Harvard, en 1967. Pretendía demostrar que vivimos en una sociedad interconectada, que las redes sociales no están aisladas y que la distancia entre individuos es siempre pequeña. De ahí los famosos seis grados de separación. De acuerdo con el estimulante estudio sueco, la distancia entre dos camas cualquiera podría ser muy corta. Las conclusiones del estudio parecen también concordar con la famosa regla 80/20 propuesta por Pareto. A saber, la distribución de la riqueza en el conjunto de la sociedad no es normal, sino que sigue un patrón determinado; el 80% de la riqueza es poseída por el 20% de la población, independientemente del país o periodo de tiempo analizado. La evidencia empírica parece haber trasladado la regla de Pareto a otros campos; por ejemplo, las averías de los artefactos: cuando sale malo, sale malo.
El definitivo advenimiento de la era de Internet nos ha traído algunos regalos; entre ellos, nos ha ofrecido un buen campo de pruebas para el avance en el estudio de la teoría de redes. Y para la aplicación de dicha teoría a un conjunto amplio de fenómenos sociales. Los últimos avances en la materia vienen a sugerir que las redes de la vida real tienen unas características especiales; una sorprendente tiene que ver con la distribución no normal del tamaño de los nodos que conforman dichas redes. Como las redes de camas suecas. Por aclararnos: un pequeño número de nodos goza de un número alto de enlaces, mientras que la mayoría cuenta con un número pequeño. La distribución sigue, por lo tanto, una ley potencial. No normal. La famosa campana de Gauss no vale. Así, la inmensa mayoría de los websites cuentan con un número de enlaces entrantes muy pequeños, mientras que una minoría cuenta con un número de enlaces sorprendentemente algo. A comienzos del año 2003, se publicaba un estudio de relevancia sobre bitácoras en Internet; dos de los 433 weblogs analizados sumaban el 5% de los links entrantes. Los doce más populares (menos del 3% del total) disfrutaban del 20% de los links entrantes. Los cincuenta más populares (algo más del 10& del total) acaparaban el 50% de los links entrantes. Se rompen de nuevo los patrones de las distribuciones normales; de acuerdo a éstas, un pequeño número de websites contarían con un número muy alto de enlaces entrantes, una mayoría dispondría de un número medio de enlaces, y una minoría dispondría de un número muy pequeño de enlaces. Las distribuciones no normales no siguen ese patrón. Ese comportamiento lo encontraríamos también en otros fenómenos económicos; como el tamaño o las tasas de extinción de las empresas.
Estafa
La ciencia no para. Investigadores británicos de Volterra Consulting publicaban recientemente los resultados de un análisis sobre comportamiento criminal juvenil. Dicho estudio seguía el comportamiento de dos grupos de jóvenes a lo largo de varios años. Si la distribución de dicho comportamiento fuera normal, observaría la pauta siguiente: un pequeño numero de jóvenes habrían cometido muchos crímenes o ningún crimen, mientras que la mayoría habría cometido un número de crímenes considerado medio. Sin embargo, el estudio concluía que la distribución del número de crímenes no registraba una distribución normal; así, la inmensa mayoría de los sujetos no habían cometido ningún crimen, mientras que un pequeño grupo de ellos habría cometido un número de crímenes muy superior al que dictaría la media. Cuando quedaban excluidos de la distribución aquellos jóvenes que habían perpretado algún delito, el número de crímenes cometido por un individuo cualquiera puede tomar cualquier tamaño. Así, el factor crucial en el progreso criminal de un individuo parece estar determinado por el atrevimiento para cometer el primer crimen. Una vez cometido, cualquier cosa puede pasar.
Gobierno corporativo
La aplicación del razonamiento anterior, unido a la observación de los escándalos empresariales de los últimos tiempos, parece sugerir que la distribución de las malas prácticas empresariales es también no normal; un pequeño número de empresas se ven envueltas en escándalos de enormes proporciones, mientras que la inmensa mayoría son inocentes. Esto es, la distribución del total de delitos empresariales seguiría una distribución no normal, una ley potencial. Una buena parte del total de delitos se concentraría en unas pocas empresas. Lo anterior nos llevaría a estudiar la validez de las normas de gobierno corporativo; el hecho de que la ley potencial funcione en lo que se refiere a las malas prácticas corporativas implica niveles elevados de concentración de la estafa: poquitos grandes estafadores, muchos honestos. Esto nos llevaría a cuestionar la obligatoriedad de los códigos de gobierno corporativo: serían costosos e inútiles para la mayor parte de las empresas, gobernadas por tipos honestos; por el contrario, serían inútiles y engañosos para las empresas estafadoras, gobernadas por gentes a las que los códigos de gobierno no les imponen ningún respeto.
Así, al igual que concluían los investigadores británicos respecto de la delincuencia juvenil, la clave podría estar en la tolerancia respecto del primer delito. Cuando el primero “cuela”, los subsiguientes imponen menos respeto. Los pecadillos serían preludio de aventuras mayores. No hay que pasar la primera.
Por Alberto Lafuente y Ramón Pueyo
Posted by Alberto Lafuente on at 06:22 PM in Algunos casos de locura | Enlace permanente
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Comentarios
Ya está el blog listado en Bitacoras.com ;)
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Gracias :)
Publicado por: José Luis | mayo 8, 2004 12:27 PM
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Gracias :)
Publicado por: José Luis | mayo 8, 2004 12:28 PM