« Ponga un meteorito en su jardín | Inicio | A perro flaco.... »
Toma el dinero y corre
La edición correspondiente al año 2004 del Global Corruption Report de Transparency International, TI, nos regala, como siempre, algunos datos interesantes; este año, nos ofrece el primer ranking (que tengamos noticia) sobre cleptócratas. Gobernantes chorizos, para entendernos. Así, nos enteramos, a pesar de que TI deja claro que se trata de estimaciones, que la función pública, en algunos lugares, resulta sumamente lucrativa. Para algunos, claro. La clasificación de indeseables viene encabezada por el indonesio Suharto, quien a lo largo de sus veintidós años de gobierno, hasta 1998, se embolsó entre quince y treinta y cinco mil millones de dólares; le sigue de cerca Ferdinand Marcos, quien entre 1972 y 1986 utilizó entre cinco y diez mil millones de dólares para comprar zapatos a su mujer. También los infames Mobutu Sesse Seko, Zaire, y Sani Abacha, Nigeria, supieron aprovechar su oportunidad; cinco mil millones de dólares. Abacha se ha destapado como el más rápido; acumuló en cinco años, 1993-1998, lo mismo que Mobutu en treinta y dos, 1965-1997. Completan la lista los sospechosos habituales: Milosevic (Yugoslavia, 1989-2000), Jean Claude Duvalier (Haiti, 1971-1986), Alberto Fujimori (Peru, 1990-2000), Pavlo Lazarenko (Ucrania, 1996-1997), Arnoldo Alemán ) y Joseph Estrada (Filipinas, 1998-2001).
El informe de Transparency International incluye también el TI Corruption Perceptions Index ; elaborado anualmente desde 1995, éste índice otorga a los países del mundo una calificación de uno a diez en función de su nivel de corrupción, definida como el uso del poder público para beneficio privado, siendo el diez la nota más deseable. La no corrupción. Posteriormente, vistos los resultados, elabora un ranking de países. De mejor a peor.
Naturalmente, en organizaciones exitosas, sean éstas estados, municipios, empresas, o partidos políticos, la corrupción nunca puede ser generalizada. La generalización perjudica a los propios corruptos; todos los años, los puestos de “honor” del índice de Transparency International de suelen ocuparlo estados “fallidos”, auténticos desastres, mientras que las mejores posiciones, los primeros puestos de la clasificación, pertenecen a sociedades desarrolladas; los mejores puestos son ocupados por países en los cuales la corrupción no es inexistente, sino que ésta se mantiene por debajo del umbral en que acaba devorando las instituciones y destruyendo la posibilidad de construir un estado moderno. Hablando en términos de redes, esto quiere decir que, bien los corruptos tienen un número de enlaces reducido -la corrupción permanece aislada- o bien los corruptos se conforman con poco. Esta última explicación parece menos plausible. La explicación es que la corrupción sufre de economías de red negativas: la utilidad de la corrupción para cualquier corrupto disminuye con el número de corruptos existentes en su entorno. Mejor repartir las comisiones entre pocos. Lo explicaba bien Mancur Olson en su Power and Prosperity; una de las condiciones para el salto a la prosperidad estriba en que los delincuentes, léase caudillos, sean capaces de monopolizar los beneficios de la extorsión y, por tanto, evitar la aparición de bandidos con poca visión de futuro. Los primero tienen intereses en garantizar el bienestar futuro de la sociedad. Aumentará su porción de la tarta. Un mafioso de los de Coppola tiene interés en el bienestar de su barrio, de él depende el suyo propio. Atila, por el contrario, no tenía plan de pensiones. En fin, una vez más, el ranking de países más corruptos viene encabezado por Bangladesh, Nigeria y Haití. Éste último obtiene una puntuación de 1.5. Mala nota. Siete de los diez primeros puestos, los países menos corruptos, resultan ocupados por democracias europeas. Finlandia es el país mejor puntuado, con un 9.7. A los siete europeos se suman Nueva Zelanda, Australia y Singapore para completar el top ten. España aparece en el puesto veintitrés, justo por detrás de Francia. Con un 6.9.
El trabajo de Transparency International nos permite, también, llegar a conclusiones que pudieran parecer sorprendentes. O quizá no tanto; según publicaba hace unas semanas la revista norteamericana Newsweek, la confianza de los ciudadanos en sus gobiernos tiene poco que ver con el grado de corrupción que éstos demuestran. Más bien al contrario. Tomando datos del Foro Económico Mundial y de Transparency International, nos encontramos con que un 77% de los ciudadanos indios confían en su gobierno. A pesar de ocupar un mal puesto en el índice de Transparency Internacional. Sucede lo mismo con Indonesia, uno de los países más corruptos del mundo según TI y, sin embargo, uno de aquellos en los que sus ciudadanos demuestran más fervor por el gobierno. Lo mismo podría decirse de Argentina. Hay quién dice que las causas de este fenómeno hay que buscarlas en la (in)existencia de prensa independiente ; institución que suele gustar poco a los abusones.
Por Ramón Pueyo
Posted by Alberto Lafuente on at 10:17 PM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente
TrackBack
URL del Trackback para esta entrada:
http://www.typepad.com/t/trackback/780094
Listados abajo están los enlaces de los weblogs que le referencian Toma el dinero y corre: