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08/26/2004
El arte de la estafa
El Wall Street Journal publicaba recientemente una entrevista con Eric Stein, condenado en 2001 a ocho años de prisión por la mayor estafa financiera de la historia del estado norteamericano de Nevada. El método no era nuevo: un esquema piramidal. Éstos han tenido una larga historia. A pesar de sus diferentes grados de sofisticación, todos ellos observan rasgos comunes: los inversores iniciales son atraídos con la promesa de grandes rentabilidades en un corto periodo de tiempo; el boca a boca transmite las buenas noticias acerca de las tasas de rentabilidad ofrecidas por la pirámide. Más gente decide invertir. Estas inyecciones de capital sirven para pagar los intereses, o el principal, debidos a los primeros inversores. Generalmente, los primeros inversores reinvertirán sus ganancias a la
espera de multiplicarlas. En este punto, la mayor parte de la gente permanece escéptica acerca de la sociedad que promueve la pirámide; en la tercera fase, ya construída una reputación de solvencia basada en los primeros pagos, se disipan las dudas acerca de la solidez de la pirámide.
Aunque buena parte del público permanece escéptico, una parte de éste acaba invirtiendo. Confían ganar algo de dinerillo rápido y retirarse antes de que aparezcan los problemas. Durante un tiempo, la pirámide parece exitosa; la última fase acaba con el desmoronamiento de la estafa. Los intereses y las amortizaciones del principal debidas a los primeros inversores supera las entradas de capital por parte de los nuevos inversores. La pirámide no puede hacer frente a sus pagos. La confianza se evapora. Los inversores se agolpan a las puertas para tratar de recuperar su dinero. Imposible. Lo que no ha sido utilizado para pagar a los primeros inversores ha sido enterrado en comprar activos que den a la pirámide apariencia de prosperidad; el resto ha acabado en los bolsillos de los promotores. Vaciar los bolsillos de almas cándidas ha sido, históricamente, una de la formas más fáciles de hacer dinero. La codicia nubla el juicio. Como consecuencia, aquellos que son capaces de pulsar las teclas que la activan suelen ganar dinero con facilidad; siempre que sean rápidos a la hora de huir del país. Uno de los maestros primigenios del arte de la estafa fue Charles K. Ponzi, que ostenta el dudoso honor de haber dado nombre a las operaciones piramidales. Durante la década de 1920. Algo menos conocido en España, cuando en Estados Unidos se menciona el nombre de Ponzi, la gente inmediatamente se echa mano a la cartera. Supo, como casi nadie había hecho antes, apelar a la tentación.
Eric Stein consiguió engañar, utilizando un método inventado en los 1920s, a mil ochocientas personas, y les birló treinta y cuatro millones de dólares. En la entrevista concedida a The Wall Street Journal, Stein explica detalladamente como funcionan este tipo de fraudes.
Para empezar, si uno quiere ganarse la vida en este negocio, hay que saber algo de marketing. la clave está en definir bien el público objetivo: en el caso de Stein, pequeños empresarios en la cincuentena, con recursos, y con escasa confianza, gatos escaldados, en los mercados financieros. También hace falta invertir algunos recursos. Según Stein, lo más caro del negocio son los listados de potenciales víctimas. Por cada nombre, que compraba a compañías especializadas y perfectamente legales, llegaba a pagar cien dólares. Una buena inversión: su ratio de éxito era del 10%; picaba una de cada diez personas contactadas. Por supuesto, el secreto del éxito está en la credibilidad. En la apariencia de la estafa. Tiene que sonar bien, pero sin pasarse. Con aspecto profesional. Caro. Y sin abusar de gráficos, que asustan a la gente. Y tiene que ser sencillo de explicar: por ejemplo, Stein menciona que ofrecía la posibilidad de invertir en una nueva cadena de tiendas especializadas en somieres. La víctima lo tiene que entender. Y tiene que gustarle lo que oye: Stein prometía un 25% a pagar cada trimestre.
Sorprende saber que el principal grupo de víctimas de Stein estaba constituído por dentistas, profesionales muy bien remunerados en Estados Unidos. Y abogados. Según Stein, que ahora trata de reducir condena, hay determinados colectivos en situación especial de riesgo de caer en brazos de estafadores; aquellas personas que se encuentraban cerca de la jubilación y habían perdido parte de sus ahorros en el último bajón bursátil de comienzos de 2000. Querían recuperar las pérdidas rápidamente.
Lo divertido del caso es que, en sus comienzos, el negocio de Stein era legítimo; necesitaba para invertir para invertir en un negocio de teletienda; cinco millones de dólares. Cómo nadie se los prestaba, decidió pedirlos él mismo. Después, le resultó tan fácil conseguir el dinero, que se olvidó de la tienda y se dió a los Rolex (uno para cada día de la semana) y los Bentleys. Como pasa en estos casos, la cosa se vino abajo.
Aunque tenía que pasar, probablemente Stein hubiera tenido una carrera más larga en el mundo del hampa si no hubiera decidido despedir a sus agentes comerciales; éstos se dedicaron a llamar a los clientes y a contarles el cuento. Después, quejas, investigación y cárcel.
Por cierto, ¿alguien se acuerda de Antonio Camacho?
Posted by Ramón Pueyo on 08/26/2004 at 10:36 PM in Algunos casos de locura | Enlace permanente
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Comentarios
Buen artículo, complementa a la información de este artículo, realmente las cotizaciones por nuestra jubilación a la Seguridad Social es otra estafa piramidal.. :
http://www.fundacionlibertad.org.pa/articulos/2004/04071201.html
o a éste
http://www.liberalismo.org/articulo/231/
con la diferencia de que en las estafas de Ponzi o de Stein la gente daba su dinero "voluntariamente" aunque engañada y en las cotizaciones de Seguridad Social somos obligados..
Saludos..
Publicado por: Duke | agosto 27, 2004 12:52 PM