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09/19/2004
O’Leary, en Zaragoza
El mes de septiembre se iniciaba con una estupenda noticia para los zaragozanos. Vuelos de bajo coste. Michael O’Leary, el carismático presidente de Ryanair, presentaba en Zaragoza la nueva ruta que unirá nuestra ciudad con Londres. El mismo Michael O’Leary que confesaba hace algún tiempo a Newsweek que sólo le quitaba el sueño que se hicieran realidad las profecías futuristas de Star Treck; mientras el tele-transporte no fuera una alternativa comercialmente viable, su negocio seguiría siendo el más rentable del sector. Azote de las compañías aéreas tradicionales, en el costado de uno de los aviones Ryanair que volaban a Italia podía leerse Arrivederci Alitalia, en alusión a la comatosa línea aérea italiana. En una época en la que las líneas aéreas convencionales parecen al borde del colapso, Michael O’Leary se las arregló para conseguir que Ryanair aumentara sus beneficios en un 47% en el ejercicio de 2003. En los últimos tres años, Ryanair ha triplicado su capacidad e inaugurado docenas de nuevas rutas. Todo ello manteniendo un nivel de rentabilidad sustancialmente superior a la media del sector. Vendiendo mucho más barato que la competencia. Y con niveles de seguridad similares al resto de compañías aéreas; a pesar de las veladas insinuaciones de la competencia. Y eso que O’Leary no es tímido a la hora de confesar su secreto; mantiene que él no ha inventado nada. Que lo único que ha hecho ha sido importar a Europa el modelo de negocio de Southwest, compañía norteamericana pionera en los vuelos de bajo coste. La receta es conocida: austeridad, volar sólo a aeropuertos secundarios para reducir costes y evitar posibles congestiones. O’Leary ha convertido la frugalidad en dogma; según publicaba The Wall Street Journal, en la sede de la compañía, en Dublín, los muebles han visto días mejores. Para el café, dispensadores de azúcar. Nada de sobres. Son muy caros. Dicen las malas lenguas que a los empleados de la compañía se les pide que ahorren en material de oficina. Llevándose los cuadernos de los hoteles, por ejemplo. Estupendo, si así se consiguen precios apetecibles para volar a Londres.
No satisfecho con ofrecer a los zaragozanos la posibilidad de volar a Londres por bastante menos dinero de lo que les costaría viajar a Madrid en tren, O’Leary anunciaba que los diez mil primeros pasajeros viajarán gratis. No se trata de ninguna ocurrencia. Ryanair ha regalado cuatro millones de billetes desde 2002. Tiene previsto regalar cinco millones en 2004. Y es que el presidente de Ryanair considera que el futuro del transporte aéreo es la gratuidad. Para estupor de los directivos de las líneas aéreas convencionales, a quienes, por cierto, O’Leary se ha referido en alguna ocasión como “mercaderes del timo”. De hecho, una parte creciente de los beneficios de Ryanair provienen de actividades laterales, como la reserva de hoteles para sus clientes. En cualquier caso, a los clientes les gusta, como es natural, pagar poco; Ryanair ya transporta más pasajeros que British Airways, con sólo una pequeña fracción de los empleados de ésta. Y el 90% de sus clientes repite. Ryanair espera doblar su tamaño en 2008; transportará a cincuenta millones de pasajeros al año. Y es que, como apuntaba alguien, “los británicos ahora viajan por diez libras. Se cansaron de pagar doscientas por el suplemento del bocadillo”. Y los españoles, añadiría yo.
Mientras Ryanair prospera, a pesar de algún encontronazo con las autoridades europeas de defensa de la competencia, las líneas aéreas tradicionales no ganan para disgustos. Nunca el sector ha estado en peor forma. En Estados Unidos, las líneas aéreas convencionales han perdido más de veinte mil millones de euros en los últimos tres años. Pierden cuota de mercado a pasos agigantados. A manos de las líneas de bajo coste. US Airways ha sido la última en anunciar quiebra; otras podrían seguirle pronto. También en Europa pintan bastos para las líneas aéreas convencionales. Alitalia está en la UVI. Se anuncian fusiones. Son víctimas de las líneas aéreas de bajo coste, a las que no saben cómo hacer frente. También son víctimas de su propia esclerosis.
Acostumbrados a vivir en un mundo en el que las guerras de precios brillaban por su ausencia, donde cualquier coste era inmediatamente transmitido al cliente, las compañías no prestaron demasiada atención a los costes. Sus pilotos, por ejemplo, vivían estupendamente. Que se lo pregunten a los de Iberia. Cuando el mercado se liberalizó, en el caso de Europa en 1997, los directivos creyeron, erróneamente, que podían vender más caro. Que su servicio era mejor y que ofrecían cosas que las líneas de bajo coste no podían ofrecer. También eso les falló; no entendieron que los clientes estarían dispuestos a saltarse una comida, y a aterrizar en un aeropuerto más alejado, si eso les permitía ahorrar varios cientos de euros. Tampoco pudieron apelar al miedo; las inspecciones oficiales son iguales para todas las compañías. Así, no resulta extraño que hayas quienes, como James Surowiecki, de The New Yorker, entiendan las líneas aéreas tradicionales, tal y como ahora las entendemos, tienen los días contados.
Ya ni siquiera les queda el nicho del business class, en el que hasta ahora no habían entrado las líneas de bajo coste. Recientemente se anunciaba la puesta en marcha de una nueva compañía, Primaris, especializada en business class de bajo coste. Pretende hacer la ruta Nueva York-Londres con un descuento del 85% sobre el precio de las líneas aéreas normales. Llegarán otras.
Y mientras todo esto sucede, Air Nostrum sigue operando el vuelo de Zaragoza a Frankfurt. Vuelos para diciembre, en la tarifa más económica, por más de trescientos euros. Curiosamente, la mitad si el pasajero elige volar desde Madrid. Si la cosa se planifica con menos antelación (un par de días) la cosa podría salir por algo más de ochocientos euros. Sin incluir cargos por emisión. Qué cosas. Durante la presentación de Ryanair en Zaragoza, Michael O’Leary anunciaba la posible apertura de nuevas rutas a partir del verano que viene; esperemos que nos lleven a Frankfurt.
Publicado previamente en Heraldo de Aragón, el 19 de septiembre de 2004.
Publicado por Ramón Pueyo el 09/19/2004 a las 04:14 PM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente
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