¿La burbuja que no fue?
Hace unos meses, parecía que la nanotecnología iba a convertirse en el próximo boom. Hoy, la cosa no está tan clara. Nanosys Inc, la que iba a convertirse en la primera compañía de nanotecnología en salir al mercado, anunciaba en The Wall Street Journal que daba marcha atrás. La eventual salida a bolsa de la compañía había recibido críticas; por tratar de convencer a los mercados con vagos planes de negocio y beneficios inexistentes (¿les suena?). La oferta pública valoraba a Nanosys en una cifra cien veces superior a los beneficios del año anterior. Seguramente a Nanosys no le ayudó que un alto ejecutivo de una compañía de capital riesgo manifestara publicamente sus temores; a que la nanotecnología produjera una locura similar a la de las puntocom. "Temo que la oferta de Nanosys acabe convirtiéndose en un fraude al inversor". Y es que, además, la nanotecnología tiene un problema añadido. Nadie sabe muy bien de qué se trata. Aunque suena bien. The Wall Street Journal nos dice que "typically, the term refers to man-made structures less than 100-billionths of a meter in size that have special electronic or structural properties. But some companies have used the nanotechnology label to hype unrelated products, while many real advances are occurring inside big companies, such as Intel, here the developments have only a modest impact on stock prices. The Nanosys offering would have given investors their first chance to invest directly in some of the most promising aspects of nanotechnology.
Seguiremos informando.
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E-mails y diamantes
Algunas empresas son capaces de mantener su dominio de mercado durante décadas. En otros mercados, las posiciones de dominio se evaporan con una facilidad asombrosa. Baste como ejemplo lo acontecido tras el anuncio de Google de la puesta en marcha de GMail, su servicio gratuito de correo electrónico. De un Giga de capacidad. Por coincidir el anuncio con la fecha en la que en los países anglosajones se celebra el día de los inocentes, hubo quien pensó que se trataba de una broma; además, todo era demasiado bonito para ser verdad: el servicio de Google multiplicaba en varios cientos de veces la capacidad de almacenamiento de Yahoo y Hotmail, sus principales rivales.
Todo tiene su explicación; el almacenamiento electrónico es barato. Un megabyte de almacenamiento costaba 10.000 dólares en 1956; en 1981, trescientos cuarenta. Hoy, un centavo de dólar compra varios megabytes de espacio en disco duro. Así, según nos cuenta The Little Tech Shoppe, un Giga, la capacidad ofrecida por GMail, vendría hoy a costar poco más de un dólar. El coste del almacenamiento es hoy menos de una millonésima parte de lo que fue en 1956.
En cualquier caso, el anuncio de Google era real y provocó efectos inmediatos; para alegría de sus clientes, Yahoo y Hotmail anunciaban sustanciales mejoras en su servicio. Hotmail, por ejemplo, prometía un aumento en la capacidad de su correo, hasta 250 MB; multiplicaba por ciento veinte su oferta anterior al lanzamiento de GMail. Aún así, Hotmail llegaba sólo a una cuarta parte de la oferta de Gmail. Google, por supuesto, no pretende otra cosa que la dominación absoluta del mercado. Ofrecer una tecnología tan atractiva que sus rivales no sólo pierdan cuota de mercado, sino que pierdan el mercado entero. El mismo incentivo que llevó a Microsoft a ofrecer un navegador gratuito para protegerse y aniquilar a Netscape; el mismo, también, que convirtió a Google en el buscador dominante en Internet y que le lleva a ofrecer un servicio de e-mail espectacularmente más generoso que el de sus rivales. Todo o nada.
En otros mercados, las cosas se mueven más despacio. De Beers, el mayor productor mundial de diamantes en bruto, admitía recientemente un delito contra la libre competencia ante un tribunal de Ohio. Concluía así una disputa de más de sesenta años con las autoridades estadounidenses. De Beers debe su nombre a un granjero en cuyas tierras se descubrieron diamantes. Temiendo los efectos perversos de los diamantes sobre el alma humana, decidió que no quería saber nada del asunto. Cogió sus bártulos y malvendió la granja, para regocijo de quienes la ocuparon después; espero que sus tataranietos hayan sabido perdonarle.
El mérito fundamental de De Beers es haber conseguido convencer al mundo de que los diamantes son escasos; y que deben caros. Son escasos es gracias a De Beers, que ha restringido la cantidad disponible en el mercado. Según The Economist, De Beers llegó a controlar el ochenta por ciento del mercado de diamantes; todavía en 1998, controlaba dos tercios de la oferta mundial. Hoy, aproximadamente un 55%. De Beers es autora también de una de las campañas de marketing más exitosas de la historia; Un diamante es para siempre, el eslogan más reconocido y longevo de todos los tiempos, según Marketing Age. Gracias a él, De Beers consiguió que el anillo de diamantes se convirtiera en el regalo de compromiso por excelencia en Estados Unidos. En Japón, antes de la segunda guerra mundial, sólo un 1% de las chicas recibían un anillo de diamantes como regalo de compromiso. De Beers conseguiría que la cifra ascendiera al 70%.
De Beers explota minas de diamante en Sudáfrica, Botsuana y Namibia, entre otros países. Denomina su política de distribución como “marketing de canal único”; todos los diamantes extraídos en sus minas son llevados a un almacén en Londres; allí son distribuidos en distintas categorías. Aquí es donde entra el mito de la escasez; De Beers guarda enormes depósitos de diamantes en sus cajas de seguridad. De Beers no tiene interés en el negocio del pulido de las piedras; simplemente vende los diamantes en bruto a tratantes que ella misma escoge. Diez veces al año, cada quinto lunes, reúne a los tratantes, elegidos a dedo, y les vende una cantidad determinada de piedras a un precio fijado. Nada de negociar; lo tomas o lo dejas. De esta forma, en su posición de casi monopolista, De Beers ha conseguido históricamente regular la cantidad de diamantes disponible. Hay quien ha tratado de valorar el efecto “De Beers” en el precio final de los diamantes; aunque estos juicios hay que hacerlos con cautela, De Beers podría haber conseguido que los diamantes se vendieran por un precio cien veces superior al de un mercado competitivo.
Sin embargo, en los últimos tiempos, el centenario control de De Beers ha disminuido y la compañía se ha visto en dificultades; el secretismo de De Beers ha sido sacudido por boicots de consumidores a quienes no gustó saber que algunas guerras en África eran financiadas con el dinero de los diamantes. Sin embargo, la principal amenaza para el monopolio de De Beers viene de uno de sus antiguos tratantes, Lev Leviev. Éste se cansó de comprar piedras a un precio fijo sin ni siquiera poder verlas y acabó siendo propietario de las minas de diamantes rusas. Según The Economist Alardea de poseer la única empresa que cubre todas las fases del negocio: de la mina a la amante (cuenta la leyenda que los hombres compran más diamantes para sus amantes que para sus legítimas). Poseer factorías de pulido de diamantes, y ser capaz de prometer la creación de puestos de trabajo, le permite poner en jaque la parte más débil del negocio de De Beers: las concesiones de los gobiernos, como Botsuana y Namibia, para explotar las minas. Le permite también saltarse el canal de distribución único. Aunque está por ver el desenlace de la batalla por los diamantes, parece claro que de lo que se trata es de competir por una cuota de marcado. Difícilmente podrán darse circunstancias similares a las del correo electrónico. Para ello, alguno de los actores debería atreverse a vender diamantes por una centésima parte del precio actual. No parece posible; De Beers y Leviev tienen objetivos similares: que el precio de los diamantes siga siendo alto.
Publicado previamente en Heraldo de Aragón, el 25 de julio de 2004.
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Malas artes
Sabíamos que el lanzamiento de GMail, el servicio gratuito de correo electrónico de Google, había puesto nerviosos a Hotmail y Yahoo. Pero no sabíamos hasta que punto.
Balkanized email Yahoo! seems to be refusing to forward my mail to gmail as I have configured it to do. Id a service request to figure this out, but they refuse to respond. I was a yahoo! premium customer but now I am canceling my service. What crooks.
Nos lo cuenta Winterspeak.
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Apuntes sobre blogs
Terry Teachout, de Arts Journal, apunta algunas ideas respecto a los blogs y su futuro.
La primera:
It’s almost impossible to explain what a blog is to someone who’s never seen one. That's the mark of a true innovation.
Una selección del resto:
The blogosphere is a pure market—but one in which no money changes hands. If you can afford the bandwidth and your ego is strong enough, it doesn’t matter whether anybody wants to read what you have to say. But the more you care about how many people are reading your blog, the more your blogging will be shaped by their approval, whether you get paid or not.
Politicians and celebrities rarely make good bloggers. They’re not interested enough in what other people are thinking.
Blogging puts professionals and amateurs on an even footing. That’s why so many professional writers dislike and distrust it.
For now, blogs presuppose the existence of the print media. That will probably always be the case—but over time, the print media will become increasingly less important to the blogosphere.
Within a decade, blogs will replace op-ed pages.
Blogs will be to the 21st century what little magazines were to the 20th century. Their influence will be disproportionate to their circulation.
Todas las demás, en Arts Journal.
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Economía al revés: mejor no dar consejos a nuestros seres queridos
En cualquier caso, no nos harán ni caso. O, mejor dicho, harán menos caso a nuestro consejo que a aquél que venga de un desconocido. Eso nos contaba esta semana Daily Favorite. El autor lo explica en términos de costes:
Suppose person A knows that she is loved by person B, which indicates that, in most case, the cost of ingoring person B's suggestion would be relatively smaller than ignoring other person's suggestion. It could be said that she is taking the love as granted. This happens more often when the person B loves person A more than other way around. I don't know how person A consider her benefit of following person B's suggestion. But it might be reasonable to infer that person A might consider person B's suggestion more seriously in the case that she could realize the cost of loosing person B's love could be beyond her ability to bear this cost. People don't care much about the things that are taken as granted. They change their attitude mostly at the moment when they could realize the cost of their ignorance.
Pues no sé que decirles pero, a mí, me parece un poco cogido por los pelos. Yo, por ejemplo, no hacía caso a mi hermana Tonia cuando ésta me aconsejaba encarecidamente no comer polos de limón. Obviamente, pasaron a ser mis favoritos. Cuando quedaba con ella después de salir (ella) de trabajar, solía comerlos de un mordisco. Para no dejar pistas. En una ocasión, antes de una de nuestras sesiones semanales de cine, me comí dos. Cuando llegué a la puerta del cine, ella me vió la cara de culpable. Yo negué tres veces. Aunque me encontraba regular. Entramos a ver la peli: creo recordar el título, A veintitrés pasos de Baker Street. Cuando el asesino se disponía a entrar en casa de la heroína (una joven ciega) me puse verde. Vomité. Mi hermana (yo tenía diez años) se resistió, al principio, a acompañarme al baño (eso no es nada, en otras ocasiones me amenazaba con dejarme sólo en el cine si me quedaba dormido; sucedía con frecuencia. Normal, si tenemos en cuenta que los gustos cinematográficos de personas de diez y veinticinco años suelen ser diferentes). Finalmente (después de ver que yo efectivamente agonizaba) se decidió a arrastrarme al baño. Entre promesas solemnes de no llevarme al cine nunca más. No cumplió su promesa; yo no volví a probar los polos de limón. Nunca supimos quién era el asesino.
A lo que iba: no creo que el seguir o no consejos dependa de un cálculo estratégico acerca de los costes que se imponen en una relación. Creo que depende más bien de la percepción sobre lo acertado o no del consejo. Generalmente creemos tener razón, somos así. Además, la gente cercana tiene la manía de dar consejos continuamente. Los descontamos. Pierden valor. Por otra parte, es poco frecuente recibir consejos de gente poco cercana. Cuando estos llegan, es normal que se les haga más caso.
Addendum
Después de leído este post, Aurelio me dice:
Creo que podrían encontrarse ejemplos para todas las posibilidades. Aunque no sea racional, el equilibrio entre las fuerzas opuestas "bajo coste de no seguir el consejo"/"beneficio de seguir un consejo bienintencionado" puede decantarse hacia cualquier lado. Lo mismo para consejos de extraños. Ahora bien: tu hermana no quería que comieses polos de limón y lo consiguió. Quizá lo podía haber conseguido más rápido aconsejándote lo contrario, pero el resultado habría sido más frágil.
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¿A quién interesan las olimpiadas?
A Andrés Vernon no, desde luego.
La olimpiada es el evento deportivo más aburrido, asquerosamente cursi y sobrevalorado, dixit moi meme (sobre todo desde que desapareció la rivalidad URSS-EUA). Cualquier día prefiero un Mundial o hasta la Copa América. Sospecho que más de uno comparte mi opinión.
No, no está solo; nos regala el enlace a un interesante artículo del Washington Post.
Posted by Ramón Pueyo on at 11:06 AM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack
Roman Abramovich, enemigo del fútbol
Con la Eurocopa terminada (para algunos, hace mucho)comienza la temporada de fichajes y despilfarro para los equipos con billeteras más abultadas, y gestores más insensatos, de Europa. De entre éstos últimos ninguno como Roman Abramovich: gobernador de la región rusa de Chukotka, magnate del petróleo ruso y propietario (entre otras cosas) del Chelsea Football Club, de Londres. Se hizo cargo del equipo el año pasado, cuando el Chelsea pasaba por dificultades. Prometió convertirlo en el mejor equipo del continente; en su primer año casi lo consigue. Si no cumple con su palabra, no será por andar corto de fondos; esta pretemporada, el Chelsea tiene un presupuesto para fichajes (400 millones de euros) que iguala la suma total de los presupuestos para fichajes de todos los demás equipos de la Premiership, la liga inglesa. Los aficionados del Chelsea, por supuesto, encantados; el resto, no tanto.
Entre los que no están contentos, se encuentra David Aaronovich. Hace unos días, en The Observer, nos prevenía contra el riesgo de Abramovichización (así describía el autor el fenómeno) del fútbol. Aunque en el fútbol siempre ha habido clases, entiende Aaranovich que la presencia de personajes como el oligarca ruso resulta perjudicial para el deporte.
We have never had wealth equality in soccer. But the building up of a Manchester United or an Arsenal has usually been a painstaking and protracted affair, and the possibility has existed for a group of other clubs to match them. But no one can match Abramovich.In America, where they have always had sports-mad tycoons, the major sports have long understood the danger of Abramovichisation. In baseball and American football, the leagues have a system in which the weakest team in the previous year gets first pick of the new players available for the next year. 'The hope,' as one sports authority put it, 'is that weak teams can thereby become strengthened over time, in the specialties where they need strengthening.' Why? Because competition is what sport is all about. Without it, sport will die.
Citaba sin saberlo la paradoja de Schmelling, explicada en Libertad y Organización por Alberto Lafuente de la siguiente forma: los economistas con buenas intenciones señalan que la competencia es un buen mecanismo de asignación de recursos; el único que promete la prosperidad. Algunos teoremas y el sentido común les asisten. Sin embargo, la competencia es además un espectáculo; de aquí la conveniencia de mirar el mundo del deporte. La llamada paradoja de Schmelling (Max, el boxeador rival de Joe Louis) sugiere que en el deporte los ingresos dependen positivamente del grado de competencia. Sin rivalidad no hay emoción, nadie paga por asistir al espectáculo. En suma todos pierden cuando un equipo domina de forma abrumadora un determinado deporte; los aficionados se aburren, dejan de ir al campo, ver la televisión y comprar periódicos. Al final, todos se ven en una situación que resulta ser peor que aquella en la que todavía queda algo de emoción por el resultado. Esto último nunca ha sido entendido muy bien por los periodistas de cámara del Real Madrid.
Pero las tesis de Aaranovich van más allá de Schmelling y el efecto negativo de Abramovich sobre el fútbol inglés; le molesta saber que el origen de la (b)vasta fortuna de Abramovich se encuentra en aquellos primeros tiempos del capitalismo ruso. Cuando algunos listillos compraban a precio de estampita los títulos de empresas públicas regalados por el estado a sus ciudadanos. Esos mismos que hoy, según el Banco Mundial, controlan una parte sustancial de la economía rusa, para desgracia de ésta; el treinta y cinco por ciento de la producción industrial rusa está en manos de veintitrés compañías, la mayor de las cuales es Lokoil. Le sigue Millhouse Capital, compañía controlada por Abramovich y propiedad de la compañía petrolera Sibneft. Hasta tal punto llega el poder de mercado y político de los oligarcas rusos, que el economista jefe para Rusia del Banco Mundial se atrevió recientemene a pedir que las autoridades de aquél país "hicieran lo que las autoridades norteamericanas hace cien años con los robber barons".
Continua Aaronovich pregutándose por el origen de la fortuna de Abramovich.
What about where the money actually came from? The Agnelli family, owners of Fiat, effectively ran Juventus from the 1920s onwards, but it was at least the local football club which the Fiat workers themselves supported.Abramovich's lucre comes from people who will never see Chelsea play and probably never want to. In May, the Guardian ran an investigation by Adrian Levy and Cathy Scott-Clark into the business affairs of the Russian tycoon. In one company town where Abramovich's oil conglomerate, Sibneft, operates, they asked people what it was like working for him. 'Well, he's never been here,' they were told.
The question that Levy and Scott-Clark tried to answer was how Abramovich had become so rich so quickly. 'How,' they asked, 'did one man come to control a reported £5.3bn stake in Sibneft, a state energy provider that only 10 years ago was bequeathed to Russia's citizens, predominantly the tens of thousands of Soviet oil workers and managers who built the industry?
Partly, it seems, by buying up the vouchers that Russian citizens were given entitling them to a share in their industries. During the depressions that followed the fall of communism, people would sell up for next to nothing. And there was nothing illegal about it. Later, the state's auctioning of its own shares in major industries led to some surprising results.
The auction, in December 1995, of four oil companies in Noyabrsk and Omsk, was won by an outfit called Finansovaya Neftyanaya Kompanya (FNK), despite the fact that its bid was not the highest. FNK was linked to the company that had managed the sale and was connected to Roman Abramovich. The new oil company was called Sibneft and Abramovich is the largest shareholder.
So the money to make the world fun for David Mellor and no one else came from Abramovich's main talent, which was not for exploration, drilling or management, but for converting the assets of the Russian people into his personal assets. True, he has, as governor of Chukotka since 2001, invested an estimated £100 million in the impoverished province, a figure which the more attentive among you will recognise as being less than half this year's transfer budget for Chelsea.
It may, however, not be long before the largesse to the Chukotkans dries up. Abramovich has already stated that he will not stand again as governor. And it seems that he is gradually liquidating his holdings in Russia and moving the proceeds abroad. So if the Portuguese player you see tonight scores the goal that wins Chelsea the Premiership next May, you all know who you have to thank. It will have been procured by some struggling babushka who is a citizen of an oil-rich country and who has never heard of Stamford Bridge.
Con respecto al fútbol, y afortunadamente para todos los aficionados, el pesimismo de Aaronovich no parece del todo justificado; el dinero no siempre da la felicidad. Que se lo pregunten a Florentino Pérez .
Respecto de los oligarcas rusos, un dato más: a pesar de tener una renta per cápita inferior a la de Costa rica, Rusia puede presumir de ser el cuarto país con un mayor número de personas incluidas en las listas de Forbes de personas más ricas del mundo.
Posted by Ramón Pueyo on at 08:19 PM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack
De visita en Sao Paulo (y con un teclado sin acentos)
Donde actualmente se celebra la conferencia anual de Instituto Ethos. A pesar de haberla visitado anteriormente, la ciudad sorprende por sus gigantescas proporciones. Parece mentira que todo empezara gracias al superviviente de un naufragio. Hace menos de cinco siglos.
Sao Paulo tiene muchos atractivos. Entre ellos destaca la posibilidad de comer bien a buen precio. Placer en franca decadencia en Espana. O, por lo menos, en Zaragoza. La existencia de comunidades de inmigrantes japoneses, libaneses o italianos han hecho muchos favores a la reputacion de la gastronomia local. Bien merecida.
Un lugar atractivo, en suma. Aunque, como suele suceder en lugares de este tamano y con los niveles de renta de Sao Paulo, no todo son alegrias. Ademas, las once horas (y otras dos de regalo. Cortesia de Varig) de vuelo con un solo lavabo disponible (tres estropeados) para los doscientos pasajeros largos de clase turista hicieron poco recomendable el viaje con Varig a pasajeros con vejigas del tamano de un ser humano normal. Y para cualquiera, a juzgar por lo ocurrido; cuando el avion atravesaba una zona de turbulencias moderadas (de las que propocan fuertes palpitaciones pero no llegan a aquellas que llevan a uno a recordar repentinamente oraciones aprendidas de nino) la gente que hacia cola ante el lavabo ni se inmuto; prefirieron partirse la crisma antes que ceder su puesto a pasajeros mas audaces. Lo que demuestra que, cuando la necesidad aprieta, algunas zonas del cerebro pasan a modo suspender.
Sorprendentemente, nadie parecio dar demasiada importancia al asunto.
Posted by Ramón Pueyo on at 01:30 AM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack
Consejos para editores inquietos
¿Necesita Vd. dar la impresión de que el negocio va viento en popa? ¿Quiere que inversores y anunciantes llamen desesperadamente a su puerta? Jacques Steinberg y David Carr, en la edición de ayer de The New York Times, pueden ofrecerle alguna pista. Nos cuentan cómo, sometidos a una feroz competencia, algunas publicaciones en papel han decidido optar por la calle de enmedio: falsear al alza la tirada para dar la impresión de vitalidad ante inversores y anunciantes. En juego, nos cuenta el NYT, están cientos millones de dólares invertidos en publicidad; como es sabido, ésta es la principal fuente de ingresos de la prensa tradicional. Hollinger International, editor de The Chicago Sun Times, ex-propiedad de Sir Conrad Black (sí, aquél magnate que tuvo que negar oficialmente poseer el pene consevado en formol de Napoleón) es uno de los grupos editoriales bajo sospecha; según parece, en Hollinger se computaban como vendidos ejemplares que habían sido devueltos. Nada sorprendente viendo el historial de Sir Conrad Black. Otros hacían cosas parecidas.
Los editores de la revista Rosie (en honor de Rosie O'Donnel, la Ana Rosa Quintana estadounidense) admitieron haber inflado en un cincuenta por ciento las ventas. No querían que la diva se sintiera herida. Fast Company, simbolo periodístico de la época .com, hoy de capa caída, editada por el mismo grupo, Gruner & Jahr, que Rosie Magazine también se encuentra bajo sospecha.
Parte del problema parece residir en la forma en la que son medidas las audiencias. Lo de siempre, el Audit Bureau of Circulations (ABC), organismo encargado de la tarea, gestionado por anunciantes y editores, no parece haberse adaptado bien al devenir de la era electrónica. tampoco cuenta con los mejores medios; ciento veinte personas analizan la circulación de más de 2500 medios. Mientras la radio y televisión son capaces de producir datos de audiencia de un día para otro, el ABC puede llegar a tardar dieciocho meses en proporcionar datos de circulación. Los editores publican información sobre ventas cada seis meses, pero esa información es auditada sólo una vez al año. Algunos medios aprovechan la coyuntura.
En cualquier caso, el problema es, según The New York Times sencillo; la competencia por mantener lectores en mayor que nunca, las ventas de periódicos se han estancado desde hace varios años, y las ventas de revistas sufrieron durante el año 2003 la mayor caída en veinticinco años. Es normal que algunos hayan optado por "evitar que la realidad les estropee un buen contrato publicitario". Sin embargo, tal y como manifiesta el editor de Dan capell's Circulation Report, hay una receta para mantener la honestidad de los editores: "Los editores saben que, en el largo plazo, los anunciantes necesitan saber que están obteniendo aquello por lo que pagan"
Posted by Ramón Pueyo on at 07:46 PM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack
Revolución Industrial: pasado y futuro
Nuevo ensayo de Robert Lucas.
Reading Figure 3 from left to right, we can see the emergence over the last two centuries of the inequality displayed in Figure 1. By 1850 there was something like a factor of two difference between the English-speaking countries and the poor countries of Africa and Asia. By 1900, a difference of perhaps a factor of six had emerged. At that time, the rest of Europe was still far behind England and America, and Japanese incomes were scarcely distinguishable from incomes in the rest of Asia. In the first half of the 20th century, the inequality present in 1900 was simply magnified. The English-speaking countries gained relative to northern Europe, which in turn gained on the rest of Europe and Asia. Notice, too, that per capita income in what I have called Group V, the African and Asian countries, remained constant at around $600 up to 1950. The entire colonial era was a period of stagnation in the living standards of masses of people. European imperialism brought advances in technology to much of the colonized world, and these advances led to increases in production that could, as in British India, be impressive. But the outcome of colonial economic growth was larger populations, not higher living standards.
Posted by Alberto Lafuente on at 05:08 PM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack
Aeropuertos baratos para líneas aéreas baratas
El aeropuerto de Ginebra pretende cobrar tasas menores a los pasajeros de las líneas de bajo coste. No se trata de discriminación de precios; al parecer, la terminal de las compañías de bajo coste va a ser remodelada de forma austera. El aeropuerto repercutirá parte de ese ahorro, en costes de remodelación, a las tasas de los pasajeros de las líneas aéreas baratas que usan esa terminal.
Como no podía ser menos, a las líneas aéreas convencionales la medida anunciada no les ha gustado ni un pelo. Todo en Truck and Barter.
Posted by Ramón Pueyo on at 08:22 PM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack
Adiós a la paradoja del agua y los diamantes
Ya saben; el agua es imprescindible para el ser humano. Y sin embargo su precio es muy reducido. Por el contrario, los diamantes son prescindibles. Pero su precio es sustancialmente superior al del agua. Acuñada en su día por Adam Smith, quizá haya llegado el momento de que los economistas le cambien el nombre. Los diamantes artificiales o sintéticos tienen la culpa. Las peores pesadillas de De Beers, el cartel del diamante, parecen a punto de convertirse en realidad. Dos pequeñas compañías, Gemesis, y Apollo parecen decididas a convertir en obsoleta la paradoja del agua y los diamantes. Nos lo contaba Wired. Lo reproducía Mahalanobis.
A mí, que quieren que les diga, la aparente pérdida de control de De Beers del negocio del diamante me produce sentimientos encontrados. Y es que, a lo largo de sus más de cien años de historia, la compañía ha sido fuente inagotable de anécdotas jugosas. Algunas, simpáticas; otras, no tanto.
Como cuando el infame Coronel Bokassa tomó el poder en la República Centroafricana; después de proclamarse emperador -la ceremonia le costó a las arcas centroafricanas alrededor de 200 millones de dólares- amenazó con nacionalizar la principal mina de diamantes del país. Propiedad de De Beers. La compañía accedió a compartir los beneficios con el recién creado Imperio Centroafricano. Sin embargo, esto no bastó. El emperador demandó que se le presentara de forma voluntaria un diamente de grandes proporciones. Sin embargo, los diamantes de grandes dimensiones no se encontraban facilmente en las minas del país. ¿Debía el consorcio De Beers comprar uno en el mercado abierto? Después de pensarlo, decidieron que no merecía la pena gastar el dinero. Al fin y al cabo, Bokassa no era tratande de diamantes. Decidieron regalarle una piedra industrial. Enorme. Pero cuyo valor a duras penas sobrepasaba los cien dólares. La piedra fue pulida y, en su interior, se incrustó una pequeña piedra de un cuarto de quilate. El regalo se entregó con la preceptiva pompa y boato. Se le dijo que la piedra representaba a Africa. El pequeño diamante en su interior representaba la capital del Imperio Centroafricano. A Bokassa se le dijo que el valor de la piedra superaba el medio millón de dólares. Él, iluso, lo enseñaba a todo dignatario que se atrevía a poner pies en su territorio de caza. Nunca sospechó nada.
Preguntados por el valor de la piedra, los responsables de De Beers respondían que "su valor era incalculable". Por lo bajo, sonrientes, añadían: "siempre y cuando el emperador no trate de venderla, claro".
Posted by Ramón Pueyo on at 06:57 PM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack
Las prebendas de los ejecutivos
Quizá lo más apetitoso de ocupar un puesto de primer nivel ejecutivo no esté -aunque también- en el salario; más bien, la gracia estaría en poder mandar el avión privado de la compañía a recoger a tu perro allá donde esté. Como hizo en al menos una ocasión Ross Johnson, C.E.O. de RJR Nabisco, quién mandó el avión de la compañía a la otra punta de Estados Unidos a recoger a Rocco, su mejor amigo.
James Surowiecki dedicaba recientemente su columna en The New Yorker a analizar la obsesión de los ejecutivos estadounidenses por las prebendas. Opina, con acierto, que lo peor de todo no es el coste que éstas imponen sobre las compañías. El problema es que las prebendas no son más que el síntoma de algo más grave; sirven para marcar diferencias jerárquicas dentro de las organizaciones. La rigidez jerárquica no propicia, según Surowiecki, la toma de decisiones inteligentes. Además, los ejecutivos que se entregan a disfrutar de las ventajas del status acaban por confundir el dinero de sus accionistas y el suyo propio.
¿Se acuerdan del estudio aquel que ponía en relación la creación de valor para el accionista y uso del avión privado de la compañía? Si poseen acciones de alguna compañía no duden en llamar al departamento de relaciones con el inversor; pregunten si el máximo ejecutivo disfruta del derecho a usar avión privado. Si la respuesta es afirmativa, huyan.
Posted by Ramón Pueyo on at 10:03 PM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack
Si las empresas fueran personas, ¿serían psicópatas?
Las empresas son, ya, un invento antiguo. Durante los siglos XVII y XVIII eran creadas por prerrogativa real; el monarca de turno otorgaba una licencia que permitía a un grupo de capitalistas comerciar en determinadas partes del mundo. Dicha licencia era renovada periódicamente, en función de que la compañía hubiera, o no, cumplido con las expectativas creadas. Alguna de las compañías así creadas han sobrevivido hasta nuestros días. Como la Compañía de la Bahía de Hudson, la multinacional más antigua del mundo, creada en 1670. Desde su nacimiento, la institución empresarial ha sido objeto de debate y controversia. Siempre ha habido quién la ha considerado una maldición. Y es que, en muchas ocasiones, las empresas nos muestran su lado oscuro. Como en Bophal; en el año 1984 murieron miles de personas como resultado de una fuga tóxica en una planta propiedad de Union Carbide en Bophal, India. Aunque la cifra de víctimas da idea de la gravedad del acontecimiento, el tratamiento de la crisis por parte de Unión Carbide instaló definitivamente a la compañía en los puestos de honor de la historia de la vileza. La compañía hizo absoluta su dejación de responsabilidades, mostrando una inhumana falta de sensibilidad por las víctimas. Afortunadamente, Union Carbide, y sus accionistas, padecieron un proceso de decadencia acelerado. Magro consuelo.
A una escala distinta, nos encontramos con compañías que muestran una fiereza inusitada para proteger su negocio; como De Beers, que a lo largo de su siglo de historia recurrió a todas las estratagemas a su alcance para proteger su control del negocio del diamante. Los diamantes por delante de las personas. Hasta tal punto llegaba dicho control que, con ocasión de un cambio de sede en 1979, se solicitó a los tratantes que presentaran sus respetos y trajeran un bonito regalo; dado que respecto a mobiliario y obras de arte la cosa ya había sido decidida, se les pedía que trajeran dinero; eso sí, en su justa medida. Más de diez mil dólares resultaba vulgar; menos de cinco mil, tacaño. Nadie faltó a la cita. ¿Recuerdan la boda de Don Corleone en El Padrino?.
Hace unas semanas se estrenaba The Corporation; un documental canadiense que pretende dar respuesta a una provocativa pregunta: si las compañías fueran personas, ¿qué tipo de personas serían? La conclusión a la que llega el documental, después de sucesivas entrevistas con políticos, empresarios, psicólogos e incluso algún galardonado con el premio Nobel de Economía, es que, si fueran personas, las empresas serían psicópatas. En el documental, un psiquiatra del FBI manifiesta que “en muchos aspectos, las empresas son el prototipo de psicópata”. Al parecer, a la anterior conclusión se llega después de analizados ciertos síntomas; las compañías son egoístas, sólo les preocupa hacer caja. Además, como los psicópatas, las compañías son irresponsables, ponen a otros en riesgo con el fin de conseguir su objetivos. Bajo este prisma, la despreocupación por los empleados, por el medio ambiente, o, incluso, por sus clientes, sería algo consustancial a naturaleza de la empresa. Tampoco acepta responsabilidad por sus actos. Cosas de psicópatas. Aunque la historia nos diga que las compañías que tienen éxito en el largo plazo sean aquellas que no muestran esos síntomas. Sin embargo, el documental plantea que el problema no está en las personas que dirigen las empresas.
La psicopatía sería pues parte de la naturaleza de las empresas. Los directivos y administradores de las mismas serían víctimas de una extraña esquizofrenia; buenas personas a las que la empresa convierte en malvados. El documental muestra cómo Sir Mark Moody Stuart, ex-presidente de Shell, y su mujer ofrecían tazas de té a los activistas que, un buen día, les acamparon en el jardín de casa. Leche de soja para los vegetarianos.
Desde su nacimiento, la institución empresrial ha estado sometida a dos tensiones de sentido, aparentemente, opuesto: la empresa interesada sólo en la riqueza de sus propietarios; y la empresa como creadora de riqueza para la sociedad. Los autores de The Corporation han pasado por alto este último punto; pudiera ser que las empresas no tengan alma. Pero tienen cerebro. A lo largo de la historia, las empresas más exitosas han estado dispuestas a perseguir objetivos distintos de la ganancia inmediata. Y con razón; las compañías necesitan sociedades exitosas para prosperar. Henry Ford fue el primero en entenderlo. También necesitan ganarse la confianza del mundo que las rodea. La confianza otorga el beneficio de la duda a las compañías cuando se relacionan con sus clientes, empleados, proveedores, accionistas o los reguladores. Les da una segunda oportunidad si cometen un error. Es ese deseo de ganarse un colchón de confianza el que nos ofrece casos como el de Hewlett Packard, que lleva más de cincuenta años diciendo que su objetivo no es la maximización del beneficio. Que hay cosas más importantes. Que el beneficio viene después. Y que así le va bien. O véase también el caso de compañías como INDITEX y su programa para mejorar las condiciones de vida de los empleados en sus talleres en todo el mundo. (Vaya por delante que formo parte del Consejo Social de esta compañía).
En cualquier caso, es la necesidad de ganarse la confianza del mundo la que ha llevado a las mejores, y más avanzadas, compañías del mundo a abrazar la filosofía de la responsabilidad social corporativa; a alejarse del modelo de empresa psicópata. Porque para ganar dinero necesitan que la sociedad, sus clientes, o sus empleados, les permitan ganarlo. No pueden portarse como psicópatas y arriesgarse a ser descubiertos. En los tiempos que corren, ni sus clientes ni sus inversores lo tolerarían. Los piratas no suelen llegar a viejos.
Los autores de The Corporation parecen olvidar que la historia de las empresas nos enseña que comportarse inteligentemente significa comportarse con sensibilidad hacia la sociedad. Lo contrario no es psicopatía. Es miopía.
Publicado previamente en Heraldo de Aragón, el 20 de junio de 2004.
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Microsoft en apuros (2ª parte)
Comienzan a ser multitud quienes ven nubarrones en el futuro de la compañía de Bill Gates. El último, Joel Spolsky.
Un aperitivo:
Although there is some truth to the fact that Linux is a huge threat to Microsoft, predictions of the Redmond company's demise are, to say the least, premature. Microsoft has an incredible amount of cash money in the bank and is still incredibly profitable. It has a long way to fall. It could do everything wrong for a decade before it started to be in remote danger, and you never know... they could reinvent themselves as a shaved-ice company at the last minute. So don't be so quick to write them off. In the early 90s everyone thought IBM was completely over: mainframes were history! Back then, Robert X. Cringely predicted that the era of the mainframe would end on January 1, 2000 when all the applications written in COBOL would seize up, and rather than fix those applications, for which, allegedly, the source code had long since been lost, everybody would rewrite those applications for client-server platforms.Well, guess what. Mainframes are still with us, nothing happened on January 1, 2000, and IBM reinvented itself as a big ol' technology consulting company that also happens to make cheap plastic telephones. So extrapolating from a few data points to the theory that Microsoft is finished is really quite a severe exaggeration.
However, there is a less understood phenomenon which is going largely unnoticed: Microsoft's crown strategic jewel, the Windows API, is lost. The cornerstone of Microsoft's monopoly power and incredibly profitable Windows and Office franchises, which account for virtually all of Microsoft's income and covers up a huge array of unprofitable or marginally profitable product lines, the Windows API is no longer of much interest to developers. The goose that lays the golden eggs is not quite dead, but it does have a terminal disease, one that nobody noticed yet.
Posted by Ramón Pueyo on at 09:33 PM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack
Microsoft en apuros
No ahora, por supuesto. En un futuro próximo, fruto de su excesiva dependencia de Windows como fuente de negocio. O por lo menos, eso parece pensar Jeff Reifman, en Seattle Weekly. Yo, la verdad, veo todavía lejano el día en el que Bill Gates sude viendo los últimos datos sobre cuotas de mercado y cifras de negocio. Simplemente, no creo que el gigante de Redmond se deje batir. ¿Alguien se acuerda de Netscape?
Posted by Ramón Pueyo on at 08:11 AM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack
Precios pegajosos
Los de la gasolina, por ejemplo. Nos lo contaba hace un tiempo The Idea Shop. Responden perezosamente a cambios en la oferta y demanda. The Economist define los precios pegajosos de este modo:
Petrol-pump prices do not change every time the oil price changes… Sticky prices are slow to change in response to changes in supply or demand. As a result there is, at least temporarily, disequilibrium in the market.
Como bien saben, los precios de la gasolina al por menor suben rápidamente ante alteraciones en el precio al por mayor. Sin embargo, cuando los precios al por mayor caen, el consumidor final tarda más tiempo en alegrarse. Las gasolineras bajan los precios lentamente. Pero los suben rápido. Las malas noticias viajan más rápido que las buenas. ¿Cuestión de poder de mercado de las comercializadoras? Pues no. Según parece la culpa la tendrían los consumidores, que actúan de modo diferente bien se trate de subidas o bajadas de precios.
"Consumers don’t search much for better prices when they’re falling, but search a lot when they’re rising. When consumers search, markets are more efficient. And when they don’t, markets are less efficient. So when wholesale gas prices fall, gas stations drop prices just enough to keep people from searching much. That makes markets sloppy, and retail prices get pushed down more slowly than up.
“This phenomenon is no more surprising than the fact that no one ever gets a second opinion when a doctor delivers good news.”
Todo en The Idea Shop
Posted by Alberto Lafuente on at 09:20 PM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack
Como subvertir una democracia; por ejemplo, Perú
Como recordarán, en septiembre de 2000 caía el gobierno de Alberto Fujimori. La historia, con mayúsculas, acabaría finalmente reconociendo los méritos del Sr. Fujimori; recientemente era admitido en el exclusivo club de gobernantes más corruptos de los últimos tiempos.
Cayó Fujimori en medio de un escándalo de corrupción de enormes proporciones; al parecer, políticos, jueces, periodistas y empresarios de los media, no eran tímidos a la hora de aceptar las dádivas, a cargo de los presupuestos generales, de Vladimiro Montesinos, ayuda de cámara de Fujimori y jefe de los servicios secretos peruanos.
El pobre Montesinos tenía muchas peculiaridades; entre otras cosas, era extremadamente meticuloso con la contabilidad; incluso la del soborno. Acumulaba recibos por escrito. Sorprendentemente, los receptores de la generosidad oficial aceptaban dejar un rastro escrito, pero eso es otra historia. A Montesinos hay que agradecerle su meticulosidad; ha permitido que John McMillan, catedrático de Stanford Graduate School of Business y el estudiante de doctorado Pablo Zoido hayan estudiado en los últimos meses el método Fujimori-Montesinos para subvertir los poderes judicial y legislativo. También el cuarto poder quedó chamuscado. Los resultados de su trabajo serán publicados en el próximo número del Journal of Economic Perspectives. En cualquier caso, nos descubren asuntos que habrán hecho tambalearse los egos de cualquier padre de la patria que se precie; los sobornos percibidos por periodistas, o por empresarios de los medios de comunicación, eran, al menos, cien veces superiores a los recibidos por los políticos. Los jueces cotizaban por debajo de éstos últimos. La cantidad recibida por un sólo canal de televisión fue cinco veces superior a la percibida por el conjunto de políticos en la oposición. Más datos; cuatro canales de televisión se repartieron 26 millones de dólares; los principales periódicos se llevaron 2.5 millones de dólares por embellecer noticias; los jueces cotizaban entre 2.500 y 55.000 dólares. ¿Los políticos en la oposición? Entre diez mil y veinte mil dólares. Al mes. En Perú.
En fin, todo muy edificante. Aunque, por lo menos, el trabajo de McMillan y Zoido nos ha servido para saber quién manda. De verdad.
Posted by Alberto Lafuente on at 11:02 PM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack
A perro flaco....
Haití vuelve a ser noticia. Como siempre, por motivos ajenos a su voluntad. Y es que, aunque parezca mentira (¿se acuerdan de acontecido a comienzos de año?), las cosas en Haití son siempre susceptibles de empeorar.
Tyler Cowen, coautor de Marginal Revolution, lo mejor que nos ofrece Internet, tiene un especial cariño por Haiti. Y ha dedicado algunos de sus posts a poner por escrito sus impresiones sobre el país; y sobre cómo éste ha llegado a convertirse en un “estado fallido”, en un desastre sin solución.
Aquí sobre porqué el país es semejante desastre. Aquí, algo sobre el sátrapa Aristide y sus cronies. Sobre la vida en Haití, en este otro. ¿Sabían que, según la ONU, la mitad de los haitianos no pueden conseguir ni siquiera el suficiente alimento para sobrevivir? Aquí lo tienen.
Para terminar, dos citas de Cowen:
"One of the most memorable accounts I read of Haiti concerned the time when a ferry sank off the coast, leading to hundreds of deaths (this has happened more than once, I might add). Oddly enough, a large number of employees were on hand to help bring in the bodies. Normally when a boat comes to shore it stops at a dock. Haiti could not afford the dock, so a large number of people are hired to wade out into the water and carry the passengers back to shore on their shoulders".
"How might Haiti recover? It is hard to see a case for optimism. In many ways the country was richer in 1840 than it was today. One huge problem has been unchecked environmental degradation, brought on by poorly-defined property rights and a tragedy of the commons. The destruction of trees and the erosion of soil are continuing unchecked. Haitians commonly cut down trees for firewood but the collective impact of this practice has taken the life out of the soil. The country, which already is a net importer of food, is on the verge of not being able to feed itself at all. It will struggle to maintain its current per capita income of $400, noting that some estimates run closer to $250. Many Haitians are now asking for reparations.
Add on a totally corrupt port, dishonest politicians, no good roads, hardly any infrastructure, the Duvaliers' destruction of intermediate civil society institutions, a rampant brain drain, few protections for foreign investors, and the complete absence of rule of law, and you have some real problems. The question is not so much how to improve policy, since policy does not reach most Haitians. Previous policies have destroyed so much value that it would be hard to find an institutional framework for current reforms, if Haiti's politicians were ever so inclined. Most Haitians live in something approximating the state of nature. They are ruled, if that word can be used, by local mafias rather than by the national government.
By the way, did I mention that 85 percent of the population is illiterate and 99.9 percent carry malaria?
Public safety is breaking down as well. I used to visit yearly, but the number of carjackings, many carried out in broad daylight, have scared me off for the time being."
Por cierto, si quieren echar una mano, Intermón OXFAM se ha puesto en marcha, como siempre, con celeridad y profesionalidad.
Posted by Alberto Lafuente on at 12:47 PM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack
Toma el dinero y corre
La edición correspondiente al año 2004 del Global Corruption Report de Transparency International, TI, nos regala, como siempre, algunos datos interesantes; este año, nos ofrece el primer ranking (que tengamos noticia) sobre cleptócratas. Gobernantes chorizos, para entendernos. Así, nos enteramos, a pesar de que TI deja claro que se trata de estimaciones, que la función pública, en algunos lugares, resulta sumamente lucrativa. Para algunos, claro. La clasificación de indeseables viene encabezada por el indonesio Suharto, quien a lo largo de sus veintidós años de gobierno, hasta 1998, se embolsó entre quince y treinta y cinco mil millones de dólares; le sigue de cerca Ferdinand Marcos, quien entre 1972 y 1986 utilizó entre cinco y diez mil millones de dólares para comprar zapatos a su mujer. También los infames Mobutu Sesse Seko, Zaire, y Sani Abacha, Nigeria, supieron aprovechar su oportunidad; cinco mil millones de dólares. Abacha se ha destapado como el más rápido; acumuló en cinco años, 1993-1998, lo mismo que Mobutu en treinta y dos, 1965-1997. Completan la lista los sospechosos habituales: Milosevic (Yugoslavia, 1989-2000), Jean Claude Duvalier (Haiti, 1971-1986), Alberto Fujimori (Peru, 1990-2000), Pavlo Lazarenko (Ucrania, 1996-1997), Arnoldo Alemán ) y Joseph Estrada (Filipinas, 1998-2001).
El informe de Transparency International incluye también el TI Corruption Perceptions Index ; elaborado anualmente desde 1995, éste índice otorga a los países del mundo una calificación de uno a diez en función de su nivel de corrupción, definida como el uso del poder público para beneficio privado, siendo el diez la nota más deseable. La no corrupción. Posteriormente, vistos los resultados, elabora un ranking de países. De mejor a peor.
Naturalmente, en organizaciones exitosas, sean éstas estados, municipios, empresas, o partidos políticos, la corrupción nunca puede ser generalizada. La generalización perjudica a los propios corruptos; todos los años, los puestos de “honor” del índice de Transparency International de suelen ocuparlo estados “fallidos”, auténticos desastres, mientras que las mejores posiciones, los primeros puestos de la clasificación, pertenecen a sociedades desarrolladas; los mejores puestos son ocupados por países en los cuales la corrupción no es inexistente, sino que ésta se mantiene por debajo del umbral en que acaba devorando las instituciones y destruyendo la posibilidad de construir un estado moderno. Hablando en términos de redes, esto quiere decir que, bien los corruptos tienen un número de enlaces reducido -la corrupción permanece aislada- o bien los corruptos se conforman con poco. Esta última explicación parece menos plausible. La explicación es que la corrupción sufre de economías de red negativas: la utilidad de la corrupción para cualquier corrupto disminuye con el número de corruptos existentes en su entorno. Mejor repartir las comisiones entre pocos. Lo explicaba bien Mancur Olson en su Power and Prosperity; una de las condiciones para el salto a la prosperidad estriba en que los delincuentes, léase caudillos, sean capaces de monopolizar los beneficios de la extorsión y, por tanto, evitar la aparición de bandidos con poca visión de futuro. Los primero tienen intereses en garantizar el bienestar futuro de la sociedad. Aumentará su porción de la tarta. Un mafioso de los de Coppola tiene interés en el bienestar de su barrio, de él depende el suyo propio. Atila, por el contrario, no tenía plan de pensiones. En fin, una vez más, el ranking de países más corruptos viene encabezado por Bangladesh, Nigeria y Haití. Éste último obtiene una puntuación de 1.5. Mala nota. Siete de los diez primeros puestos, los países menos corruptos, resultan ocupados por democracias europeas. Finlandia es el país mejor puntuado, con un 9.7. A los siete europeos se suman Nueva Zelanda, Australia y Singapore para completar el top ten. España aparece en el puesto veintitrés, justo por detrás de Francia. Con un 6.9.
El trabajo de Transparency International nos permite, también, llegar a conclusiones que pudieran parecer sorprendentes. O quizá no tanto; según publicaba hace unas semanas la revista norteamericana Newsweek, la confianza de los ciudadanos en sus gobiernos tiene poco que ver con el grado de corrupción que éstos demuestran. Más bien al contrario. Tomando datos del Foro Económico Mundial y de Transparency International, nos encontramos con que un 77% de los ciudadanos indios confían en su gobierno. A pesar de ocupar un mal puesto en el índice de Transparency Internacional. Sucede lo mismo con Indonesia, uno de los países más corruptos del mundo según TI y, sin embargo, uno de aquellos en los que sus ciudadanos demuestran más fervor por el gobierno. Lo mismo podría decirse de Argentina. Hay quién dice que las causas de este fenómeno hay que buscarlas en la (in)existencia de prensa independiente ; institución que suele gustar poco a los abusones.
Por Ramón Pueyo
Posted by Alberto Lafuente on at 10:17 PM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack
Ponga un meteorito en su jardín
El nuevo año vino para los españoles con un meteorito de regalo. Las crónicas hablaban de la alarma de la población y de la dificultad de encontrar el lugar del impacto. La alarma no estaba del todo justificada; la posibilidad de sufrir daños corporales como consecuencia del impacto de un meteorito es muy escasa; que se sepa, sólo un mamífero ha muerto como consecuencia del impacto de un meteorito: un pobre perro egipcio que paseaba por Alejandría, en 1911, cuando el cielo se desplomó sobre su cabeza. No nos ha llegado su nombre. En lo que se refiere a los posibles daños materiales, al bolsillo, los meteoritos son, sobre todo, una bendición. Me explicaré. En octubre de 2003, el reputado diario norteamericano The Washington Post daba cuenta de la historia de los propietarios de una tienda de regalos de Nueva Orleáns; al llegar a su casa un día del pasado mes de septiembre de 2003, descubrieron que algo había causado considerables daños. Al encontrar agujeros del tamaño de pelotas de tenis en el tejado, imaginaron que algo había caído de un avión en pleno vuelo. Fue la policía quien, una vez aplicadas sus dotes deductivas, les anunció que el causante no era otro que un objeto interestelar. Un meteorito. Fragmentos del mismo, incluyendo trozos del tamaño de una mano, fueron encontrados en la planta baja de la casa. La conclusión fue después confirmada por el departamento de geología de una universidad cercana.
Al parecer, la composición de los objetos, de nombre condritas, indicaba que procedían del cinturón de Asteroides entre Júpiter y Marte. Relativamente comunes. Como es natural, en un principio los propietarios estaban desolados. Sin embargo, el objeto presentaba ciertas particularidades; se trataba del primer meteorito que, se supiera, había caído en Nueva Orleáns; no sólo eso, sino que había caído en casa de alguien, lo que le confería un valor especial. La desazón de la familia terminó cuando alguien les contó que existía un mercado para ese tipo de cosas; que había gente dispuesta a pagar mucho dinero por el pedrusco que les había caído encima. De hecho, les contaron, existen intermediarios dedicados profesionalmente, a tiempo completo, a la compra y venta de meteoritos.
Al parecer, el mercado de meteoritos viene experimentando un boom en los últimos años; como consecuencia de Internet (suelen venderse en la casa de subastas eBay) y de los descubrimientos en el Sahara y otros lugares remotos, la oferta de material interestelar se ha multiplicado. Aunque no tanto como su demanda. Uno de estos profesionales, consultado por el Washington Post, declaraba que el valor del meteorito caído en Nueva Orleáns podría rondar los trescientos mil dólares. Millones de dólares si finalmente se hubiera descubierto que la roca procedía de Marte, o de la Luna. Los daños causados por el impacto ascendían a diez mil dólares. Un buen negocio.
Como es sabido, la escasez constituye un factor decisivo en el precio de un bien. Siempre que exista demanda para el mismo, claro. El caso anterior constituye un claro ejemplo; la diferencia de precio entre un canto rodado y un meteorito viene determinada fundamentalmente porque éste último viene de Júpiter. Hay pocos. El altísimo precio del caviar, introducido en Europa por mercaderes venecianos en el siglo XIV, y uno de los platos favoritos de Galileo, tiene como causa que el esturión es una especie en vías de extinción; además, el comercio de caviar está estrictamente regulado. Es escaso. De hecho, un contrabandista puede obtener en el mercado negro veinte mil dólares por el contenido de una maleta de caviar. El precio final al consumidor sería de cien mil dólares. Así lo cuenta Inga Saffron en su Caviar: The Strange History and Uncertain Future of the World's Most Coveted Delicacy (Broadway, 2002). La escasez no tiene porque ser natural; puede crearse artificialmente. Los meteoritos y el caviar parecen, por el momento, sufrir de escasez perenne. No siempre sucede lo mismo. Alguien podría decidir que para mejorar la cuenta de resultados no hay nada como regular la cantidad disponible de su producto en el mercado. Para esto último sólo hace falta que uno o varios productores disfruten del suficiente poder de mercado como para controlar la cantidad de producto disponible y, por tanto, su precio. Para evitar esa tentación existen los tribunales de defensa de la competencia. Conseguir escasez artificial ha sido, históricamente, la estrategia fundamental en algunas industrias. Esa parece ser la razón de la existencia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, o de De Beers, el consorcio que controla buena parte de la producción de diamantes en el mundo y que nos hace creer que el precio de las piedras está justificado por su escasez.
En suma, la escasez es buena para quién la controla. Así que, la próxima vez que vean un meteorito, no duden en salir tras él.
Artículo publicado previamente por Ramón Pueyo, en Heraldo de Aragón, el 18 de enero de 2004.
Posted by Alberto Lafuente on at 10:40 PM in Cosas de Ramón Pueyo | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack